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Costa Rica vive una paradoja preocupante. Mientras el turismo alcanzó cifras récord en 2024 con $ 5,434 millones en divisas y se consolida como nuestra principal fuente de ingresos, los pilares que sustentan esta industria multimillonaria —nuestros Parques Nacionales— enfrentan amenazas sin precedentes que ponen en riesgo tanto nuestra economía como nuestra identidad nacional.
El 25% de nuestro territorio terrestre y el 31% del área marina se encuentran bajo esquemas de protección, una cifra que nos enorgullece. Sin embargo, detrás de estas estadísticas se esconde una realidad alarmante: presupuestos fragmentados, personal insuficiente, tecnología obsoleta e inseguridad creciente que amenaza la integridad de estos “pulmones verdes” que nos definen como nación.
Las palabras del ministro Franz Tattenbach no pueden ser más claras: “las inversiones que se hacen son muy pequeñas y fragmentadas”. Esta situación se agrava cuando consideramos que el aumento de áreas protegidas rebasa la capacidad estatal para garantizar su conservación efectiva. No basta con declarar territorios protegidos si no tenemos los recursos para mantenerlos.
La inseguridad se ha convertido en una amenaza real. Los ingresos ilegales a las áreas de conservación, las quemas intencionales, la acumulación de desechos y el tráfico de drogas no solo degradan nuestros ecosistemas, sino que ponen en peligro a los guardaparques y voluntarios que dedican su vida a proteger nuestro patrimonio natural. Como señala Ricardo Meneses de la Fundación de Parques Nacionales, “la delincuencia que se tiene a nivel nacional no está exenta a las áreas protegidas”.
La falta de tecnología moderna para medir el impacto del turismo en nuestros hábitats representa otro desafío crítico. Sin datos precisos sobre la huella que dejan los millones de visitantes anuales, corremos el riesgo de que el turismo, que tanto nos beneficia económicamente, termine destruyendo los ecosistemas que lo sustentan.
Costa Rica ha construido su marca país sobre la base de la sostenibilidad ambiental y la biodiversidad. Somos conocidos mundialmente como un ejemplo de conservación, hogar del 5% de la biodiversidad del planeta en apenas el 0.1% de la superficie terrestre.
Esta reputación no es solo un activo turístico; es nuestra responsabilidad global y nuestro legado para las futuras generaciones.
Es momento de actuar con la urgencia que la situación demanda. Las autoridades deben priorizar inversiones sustanciales y estratégicas en nuestros Parques Nacionales, no como un gasto, sino como la inversión más rentable que puede hacer el país. Necesitamos equipar al SINAC con recursos humanos, tecnológicos y financieros suficientes para enfrentar los desafíos del siglo XXI.