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E
s una aspiración bastante común, que tratemos de encontrar la pareja perfecta. Que reúna una larga lista de requerimientos que pensamos implicaría que fuera exactamente lo que necesitamos. En algunos casos la lista es tan rígida, que no permite ninguna falla. Lo que puede significar que no nos tomemos el riesgo de intentar relacionarnos con quien nos parece interesante, pues nos abstenemos ante el miedo de repetir una mala relación o de que caigamos en un enamoramiento que ponga en riesgo nuestras metas.
Ante esto sería importante plantearnos el lugar de la tolerancia respecto a las relaciones de pareja, pues, aunque al inicio toda relación flote en lo fantasioso pues se asemeja mucho a lo soñado, tarde o temprano se confronta con la realidad y con las circunstancias que no necesariamente desearíamos en nuestra vida.
Tolerar un poco los defectos del otro implica la reciprocidad de que el otro también pueda lidiar con nuestras dificultades, pues la vida es cambio constante y readaptación también.
La exigencia constante, la intolerancia, caer en criticar continuamente al otro, puede distraernos de problemáticas más fuertes que puedan existir en el fondo. Apuntar a que nuestro compañero o compañera sea la que detenta todos los defectos y a que yo esté en el rol de señalarlos, puede ser una vana estrategia que oculte mi temor a comprometerme o a no estar segura respecto al compromiso.
La felicidad es algo en construcción constante que no necesariamente puede ser dado por la otra persona, la felicidad puede verse favorecida por mis actitudes y por mis conductas. Pero igualmente no es realista pensar que alguien pueda darme la felicidad total ni que sea algo que se pueda mantener uniforme a lo largo de la vida.
Si estamos intentando avanzar en una relación, será importante plantearnos si nuestras expectativas son realistas y si son justas respecto a lo que también pueden estarnos pidiendo versus lo que damos.
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