No se vale más desorden adentro de la Caja

EDITORIAL

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La reciente auditoría interna que destapó graves irregularidades en las jornadas quirúrgicas del Hospital San Juan de Dios debe sacudir a todo el país. 

No estamos hablando de simples errores administrativos, sino de una cadena de actos que atentan contra el control, la ética y la seguridad de los pacientes en la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), una de las instituciones más queridas y necesarias para la ciudadanía.

Según reveló Diario Extra, médicos operaron a pacientes sin verificar su identidad. Es decir, se realizaron intervenciones quirúrgicas sin siquiera constatar que las personas en sala de operaciones eran quienes figuraban en la lista de espera. 

Este hecho, inadmisible en cualquier sistema de salud serio, ocurre mientras más de 1,2 millones de costarricenses aguardan por una cirugía, atrapados en listas que, para muchos, se han convertido en una cruel condena.

El informe Asalud-0008-2025, emitido el 8 de mayo, es contundente: violaciones al plan aprobado, procedimientos sin autorización, pagos millonarios sin el debido respaldo y una escandalosa concentración de funciones en un solo funcionario. El caso del médico Navarro Correa es paradigmático. Programó cirugías, asignó médicos, participó en casi un tercio de las intervenciones, firmó los reportes de tiempo extraordinario y gestionó pagos. Todo, sin controles ni revisión. ¿Cómo pudo permitirse semejante acumulación de poder en un entorno que exige transparencia y control cruzado?

“Este desorden no es solo un tema de gestión administrativa. Es un atentado contra la confianza pública en la Caja, en un momento en que el país clama por eficiencia y orden en los servicios de salud”

A esto se suman pagos cuestionables: ¢90,4 millones en tiempo extraordinario a un médico del equipo itinerante y ¢28,1 millones al propio Navarro, ambos con formularios incompletos y montos superiores a los autorizados.

Este desorden no es solo un tema de gestión administrativa. Es un atentado contra la confianza pública en la Caja, en un momento en que el país clama por eficiencia y orden en los servicios de salud. 

No se puede permitir que este informe termine archivado en una gaveta, olvidado y cubierto de polvo. La CCSS debe actuar, esclarecer responsabilidades y garantizar que estas prácticas no vuelvan a repetirse.

El país merece una Caja fuerte, ordenada y confiable. No una institución atrapada en la desidia y el descontrol.