No se debe buscar justicia por mano propia

La sociedad costarricense atraviesa por muchas crisis que provienen de la falta de empleo y oportunidades, pero no podemos seguir haciéndonos los que no es con nosotros cuando se van dando señales de alerta. DIARIO EXTRA publicó el viernes el caso de un asalto en Cartago que llama a reflexionar a la población. Según las […]

La sociedad costarricense atraviesa por muchas crisis que provienen de la falta de empleo y oportunidades, pero no podemos seguir haciéndonos los que no es con nosotros cuando se van dando señales de alerta. DIARIO EXTRA publicó el viernes el caso de un asalto en Cartago que llama a reflexionar a la población.

Según las autoridades, tres hombres ingresaron a una farmacia e intimidaron a las dependientes con armas de fuego para que les dieran el dinero de las ventas. Sin embargo, el administrador iba llegando cuando vio a los sujetos. A la salida, los asaltantes huyeron por rumbos separados, dos corrieron y el otro, que al parecer llevaba gran parte del botín, se subió a una moto y salió a toda velocidad. Pero no logró ir muy lejos pues el administrador lo siguió y le echó el carro encima, con lo cual lo detuvo en seco.

Algunos podrían pensar que el presunto asaltante recibió su merecido, en especial porque al caer contra el asfalto se le halló dinero y un arma, e incluso hubo comentarios con respecto a que le fue muy bien. Sin embargo, testigos de lo ocurrido llamaron al servicio de emergencias 9-1-1 y efectivos tanto de la Fuerza Pública como de la Cruz Roja acudieron de inmediato a realizar su trabajo, de modo que no entendemos cómo esta persona prefirió arriesgar la vida y hasta la libertad en semejante acción. Pero no se debe obviar que estas situaciones en Costa Rica ocurren porque existe la idea generalizada de que la justicia no es pronta ni cumplida, pues la gente está consciente de las tristemente famosas golondrinas de un expresidente de ingrata memoria, y de casos de cuello blanco como el Cementazo, La Cochinilla, Diamante y tantos otros que siguen un día sí y otro también eternamente en investigación. Ni siquiera la Trocha ha ido a juicio…

Causa indignación a los ticos de a pie cómo hay en la calle sujetos con amplios expedientes criminales que se le ríen en la cara a los policías, pues saben que les basta con tener paciencia, y ni siquiera mucha, para salir de prisión. Ah, pero que deba un hombre un mes de pensión alimentaria, por el motivo que sea, para que vea cómo le va.

Además, la criminalidad hace de las suyas en todas partes, de modo que los efectivos no dan abasto, lo que recuerda tiempos de pandillas juveniles como los Teletubbies en Alajuela o los Chapulines en San José, quienes azotaron con tal fuerza e insistencia a los comerciantes que estos últimos decidieron enfrentarlos valiéndose de objetos contundentes. Eso desencadena un ciclo de violencia en que los criminales caen a matar porque temen ser atacados y las personas que no pensaban oponer resistencia pueden “pegarse la rifa” de salir lastimadas.

Para los efectivos policiales, sin importar a cuál dependencia pertenezcan, resulta frustrante ver que los jueces sueltan a muchos delincuentes comprobados por tecnicismos e interpretaciones que quizá sean jurídicamente correctos, pero no cumplen con el espíritu de las leyes, que se hacen para proteger a las víctimas, no a los victimarios. ¿Hasta cuándo se podrá avanzar en estos aspectos? Sería bueno saber lo que piensa al respecto el señor presidente de la República, Rodrigo Chaves Robles, puesto que de seguro este tema afecta a la señora de Purral.

Y se comprende que somos un país defensor de los derechos humanos, que no se trata de hacer un ojo por ojo y diente por diente ni de usar como arma a la justicia, pero si hay tantas personas con un récord criminal cada vez más nutrido y que se mantienen entre los ciudadanos viendo a quién le hacen daño, ¿cómo es posible que las autoridades no prioricen buscar la manera de reformar a estas personas para que se reintegren en la sociedad? 

Las constantes capturas de sujetos con tobilleras demuestran que el enfoque de casa por cárcel es deficiente. Se requiere, como siempre, atacar el problema brindando medios para prepararse a quienes no tienen recursos, generar empleo y, por supuesto, con un Poder Judicial eficiente, que piense tanto en las necesidades de los habitantes como de quienes cometen delitos, y una policía preventiva que cuente con todos los medios necesarios para cumplir su labor. El pendiente sigue ahí, habrá que esperar que los ciudadanos comprendan que no pueden tomar la justicia en sus manos, pero para eso también deben sentirse acuerpados por las autoridades.