Fecha de publicación:
Fecha de modificación:
Freno y marchas atrás. El avance que implicó internet para el mundo civilizado, democrático, en libertad, parece disponer de cara oculta: control de vigilancia sobre lo que escriben, intercambian, los ciudadanos. El mal servicio electrónico que, de un tiempo a esta parte, nos brinda el ICE abre cauce al imaginario, no sólo a quejas generalizadas.
El humorista español José Mota, original e inteligente, ofrece cada semana un espacio entretenido, sagaz caricatura de la actualidad que palpa. La TVE exporta sus contenidos vía satélite. Y varios de los gags que presenta hallan una repetición final para la versión desplegada. Encuentra contrapunto: Aquello comentado no es cierto pero ¿y si sí?
Los rumores que aquí el río de la opinión pública arrastra genera las controversias del “no puede ser”. En Cuba o Venezuela podría, aquí, en la clásica Costa Rica no. Pero ¿y si sí? Vox populi implica presuntamente a OIJ, DIS y al motor, que maneja los hilos digitales, ICE. Llueve sobre mojado: Caso de espionaje al guardameta internacional Keylor Navas. Y el incidente con los periodistas de DIARIO EXTRA.
Zenón fue el fundador de una corriente filosófica que tanto admiraron los atenienses. Le entregaron las llaves de la ciudad. Una vez, Zenón respondió a un alumno que no paraba de hablar: “Tenemos dos orejas y una sola boca, justamente porque debemos escuchar más y hablar menos”.
Silencio y auscultar. En busca del dato perdido. DIS, OIJ, ICE… tarea comprometida con lo desconocido. Horas sucesivas, supuestamente inquietas, que paga la ubre prodigiosa del Estado. Turno de misterios. Y la entera comunidad bajo sospecha.
La DIS está dirigida por un apellido irreprochable y cabal. Jamás -el peso de la sangre- aceptaría atentado alguno que maltrate a la ciudadanía. Pruebas muy sobradas. Pero ¿y si sí los mandos medios entretienen su ocio hurgando en honras ajenas?
La OIJ sobreactúa para rastrear posibles conexiones narcos en medio de un panorama que arroja un terrible y diario balance de vidas segadas en guerras de pandillas y cuentas no saldadas. ¿Algún tribunal otorgó pasaporte de corso al atrevido y anticonstitucional proceder de quienes se titulan autoridades? ¿Acaso no es peor, moralmente, el remedio que la enfermedad?
Y en medio, el ICE el gran ojo del firmamento alucinante rector del tejemaneje técnico y de las teclas del proceso. Sin la colaboración del Instituto, enseña nacional de la tecnología, nada cabria realizar.
El equipo especial, del ICE hablamos, no elabora trabajo, despliega chapucería, a saber quién manda y cuáles son las intenciones que engendra el oscuro e hipotético dispositivo de vigilancia.
Por los efectos se deduce la impericia. Los usuarios de internet sufrimos el descalabro del servicio.
El monitor se congela continuamente paralizando su utilidad.
La lentitud en la respuesta buscada es norma imperante. La flecha del ratón se rinde ante la pequeña rueda arco iris que la sustituye. Significa no aceptar mandos de ningún tipo.
Cansa, aburre, desespera carecer del habitual dominio que la era de las redes sociales proporciona universalmente y es ruina que actualmente exhibe la geografía costarricense. ¿Y si sí los tropiezos son piezas combinadas, elaboradas adrede, para que los clientes del ICE huyamos hacia las cableras que avalan firmeza de recepción y rapidez de respuesta? Entonces, sí, compañeros, enemigo en casa.
Diputados, sois la ley. Ningún artículo de la Carta Magna recoge, autoriza, a ninguna institución del Estado, ni privada, asediar por la vía que fuere a un ciudadano, cualquier ciudadano, incluyendo a los legisladores, por lo motivos que sean, sin el permiso de un juez, en causa restringida. Sorpresas hallamos a diario. La seriedad cívica, sin embargo, no admite golpes de sobresalto, sencillamente exige respeto.
El escenario de la vida está activo para los que saben medir sus responsabilidades. ¿Y si sí revisamos con seriedad el entorno que se salta, a la torera, espíritu y soberanía constitucionales? En Cuesta de Moras se anida un poder, el primer poder de la República… A buen entendedor, palabras sobran.