
Entre las múltiples responsabilidades que pueden asumir los seres humanos destaca una muy delicada: la decisión de tener hijos y criarlos para que funcionen bien en sociedad. Por ese motivo, los papás y las mamás deben tomar conciencia de que todo lo que hacen es vital para la formación de su descendencia e impactar positivamente en las futuras generaciones.
Con esta inquietud, DIARIO EXTRA consultó a Xenia Elizondo, psicóloga y psicoterapeuta del Centro Gestáltico Atrapasueños, sobre las necesidades de los niños con respecto a sus progenitores para desarrollarse sanamente y a plenitud.
CONSTRUCCIÓN DE LA PERSONALIDAD
En primer lugar, la experta comenta: “Los niños y las niñas van formando su personalidad en el transcurso de su niñez, lo que llamamos su yo, van a influir todos los mensajes significativos que reciban de la familia y de su entorno inmediato. Todo eso va contribuyendo, de ahí que venga a formar un sí mismo fuerte o todo lo contrario”.
Y agrega: “Es fundamental la crianza, todo el periodo de la niñez. No te puedo decir que a los 6 años ya un niño tenga la personalidad, porque se está construyendo, y va a influir montones lo que digan los padres”. Asimismo, advierte el problema que existe cuando los progenitores se esfuerzan demasiado por que sus hijos sean de la forma en que ellos quieren, al imponerles su voluntad, sus gustos y sus formas de pensar con respecto a lo que pueden hacer o no, en lugar de dejarlos descubrir lo que quieren. Por ejemplo, cuando los obligan a jugar solo con ciertos juguetes o esperan que realicen actividades extracurriculares como ir a una escuela de fútbol, aunque no les guste.
“Muchos chicos, cuando están construyendo su yo, optan por construir un falso yo, lo que llamamos nosotros un falso self, ¿por qué? Porque quieren complacer a los padres, porque quieren agradar a los otros para que los quieran, para que los miren, para sentirse aceptados”. Adelantó que esto puede tener consecuencias en la adolescencia, pues los menores que atravesaron esa presión parental suelen rebelarse posteriormente, para hallarse a sí mismos.
DELES SU TIEMPO Y ATENCIÓN
Elizondo recalca la importancia de que los progenitores estén siempre pendientes de sus hijos y les brinden tanto su tiempo como su atención.
“Y hay niños que entran a las rabietas, a las malas palabras, a todo, porque es la única manera de que los adultos los miren, aunque sea desde el regaño. ‘Ay, Juanito, te portaste mal’, juas, juas, y le dan su zurra y le dicen mil cosas, pero lo miraron. Pero, mientras Juanito está bien portado, no lo miran”, subraya, a la vez que se manifiesta en contra del castigo físico. También llama la atención con respecto a que portarse mal muchas veces es la otra cara de la tristeza, “estoy tan triste que viene el enojo. El enojo y la tristeza son las dos caras de la misma moneda, van muy enlazadas”, amplía.
FRUSTRACIÓN Y ABURRIMIENTO
La psicóloga y psicoterapeuta comparte una observación sobre las nuevas generaciones de padres: “de alguna manera hay esta imposibilidad de los padres de dejar que los niños se frustren, entonces caen en angustia y les digo yo: ‘es que es necesario que el chiquito se frustre’”. Aclara que se trata de definir límites para todo y aprender a ser firme, si no habrá consecuencias a futuro. “Si el niño o la niña llega y me dice: ‘ma, es que quiero tal cosa’, ‘no, mi amor, ahora no, no se puede’, ‘pero yo quiero’, entonces hacen esas pataletas, se van, suben, suben, suben (la intensidad), y los papás entran en esa angustia y entonces complacen, complacen, complacen”.
“Luego hay otro detalle importante, el chiquito se aburre. Y los papás se preocupan y yo les digo: ‘wow, qué maravilla que el chiquito se aburra’. Y me dicen, ‘ay, no’, pero claro, no ven que, al verse aburrido, que ya no está el juego de video, que no está la tablet, el niño se ve forzado a crear, a hacer un juego viéndole figuras a las nubes, a hacer con el dedito figuritas con la tierra… Es una maravilla que el niño se aburra. Pero no, siempre lo llevan a la completitud. Ah, se aburre, tenga mi amor, tenga”, apunta, al tiempo que amplía que precisamente así se desarrolla la creatividad. Insiste en que no está mal que los niños se aburran o se frustren, porque así obtienen herramientas para la vida y aprenden a regularse.
¿FÚTBOL O MEJENGA?
“Es tan importante que al niño, que al adolescente, se le eduque en la casa, que se empiece a respetar las jerarquías. Papá y mamá, en el sistema conyugal parental, son los que marcan las directrices, qué se hace, cómo se hace, cuándo se hace. Hasta dónde se permiten tales cosas. A veces no están esos pilares, esos adultos responsables de marcar las canchas, de poner las reglas del juego”, señala.
“Es como en el fútbol, como les digo yo a los papás: ¿Ustedes están mejengueando o están en un partido de fútbol? Es muy diferente. En la mejenga no sabemos hasta dónde llega la bola, pero cuando se demarca la cancha están los guardalíneas que pitan y dicen ‘se pasó’. Hay una regla, no se puede pasar, ¿por qué es necesario cuando son niños? Porque lo entienden, lo introyectan, lo incorporan. ¿Si no, cuando son adolescentes, quién los para? Nadie”, sentencia.
“Pero muchos padres (maltratan a sus hijos) desde ahí, desde la complacencia, los complacen para que no los molesten”, lo cual es inadecuado porque los niños crecen sin saber quién manda y no respetan jerarquías. La profesional recomienda a los padres leer el libro “Esto, eso, aquello… también pueden ser malos tratos” para conocer sobre esta y otras acciones inadecuadas que a veces se efectúan por desconocimiento.
SANE SU NIÑO INTERNO
Elizondo deja claro que incluso muchos papás tratan de satisfacer necesidades de su niño interno con sus hijos, “ese niño interno que tiene, sus carencias de la niñez, las tratan de reparar o compensar dándole al hijo, pero no comprenden que el hijo es una persona y yo soy otra”. Y subraya: “Muchas veces, por ejemplo, se lamentan (los papás) porque le hicieron un desprecio al niño en la escuela, trabajamos la sesión de padres y al final es darse cuenta de que al niño ni le fu ni le fa, ni lo tomó en cuenta, es que a esta persona (el padre o la madre) cuando era niño(-a) le hicieron un desplante similar y le despertó esa herida de la infancia y empezó a supurar el dolor y se lo está transmitiendo”.
“Ya de por sí los niños van cargando en su mochila emocional tantísimo, tantísimo que les transmitimos, no solo yo madre, también el padre, también toda la herencia familiar, y aparte ir aprendiendo lo suyo porque los padres los están colmando con lo que es propio”, denuncia.
En resumen, Elizondo deja claro que se requiere “una crianza amorosa, una crianza desde los buenos tratos”.
¿QUÉ DEBEN HACER LOS PADRES POR SUS HIJOS?
Estar presentes (no metidos en el celular o sumidos en otras distracciones).
Escucharlos.
Compartir tiempo de calidad.
Tener empatía (ponerse en sus zapatos).
Ponerles límites claros.
No maltratarlos ni ignorarlos (es necesario educarse sobre qué es maltrato).
Tratarlos como alguien de la edad que tienen (no darles responsabilidades que no les correspondan).
Dejar que se frustren y se aburran para que desarrollen la creatividad.
Xenia Elizondo, psicóloga
y psicoterapeuta.