
Qué difícil es cuando un gobierno se niega a escuchar las opiniones de sus representados, cuando cree tener la verdad absoluta e invisibiliza el sentimiento de quienes le dieron votos para llegar a la cumbre del poder político y hoy no se sienten satisfechos.
Qué conveniente es presentar solo una parte de la realidad, acallar el desacuerdo e ignorar a “unos pocos” que se sienten abandonados, marginados y utilizados.
Costa Rica festejó 192 años de la Anexión del Partido de Nicoya y con ello la riqueza cultural y el folclor que aquella voluntad ciudadana implicó, más allá de las disputas entre países; ese es el verdadero sentido.
Pero los partidos políticos y sus militantes se empeñan en darle un giro radical a tan connotada fecha y aprovechan para sacar sus trapos de domingo, ponerse flores en el ojal y acreditarse lo que la historia se encargará de desenmascarar tiempo después.
Siempre que se aproxima la fiesta guanacasteca un convoy de trabajadores del Estado alista maletas, galas y discursos baratos para echarlos sobre un pueblo que lleva años sufriendo pero viviendo con la esperanza de mejorar.
Para nadie es un secreto que Guanacaste, la provincia de las tortillas, de “El caballito nicoyano” y las playas de ensueño, no atraviesa sus mejores épocas y que la atención de los gobiernos nacionales y locales no favorece a sus habitantes, a sus empresarios y tampoco a sus políticos, pues estos últimos siempre quedan en evidencia cuando terminan su gestión.
Pero una cosa es lo que una administración quiere que el resto del país crea sobre su trabajo y otra la que a viva voz los habitantes de esos lugares manifiestan cuando se les pregunta sobre su condición de vida en la provincia.
DIARIO EXTRA viajó un par de días a Guanacaste, aparte de la comitiva presidencial que oronda firmó acuerdos, cortó cintas, dio besos y abrazos, porque la idea era escuchar de boca de los pobladores cómo viven, qué necesitan y cómo se sienten.
Partimos rumbo a una provincia que se ve desgastada, que sufre una crisis hídrica, que según las cifras del Índice de Desarrollo Cantonal se sume en la pobreza y el desempleo, que ha decaído en su productividad y no ve con buenos ojos el diálogo de los políticos, con razón, pues ellos mismos admiten no ha sido bueno.
Pese a que la pobreza se redujo un 6% en esa parte del país, el logro no es ver solo la estadística, es saber que más gente está en esas condiciones y que el aplauso llegará cuando todos tengan qué comer y con qué vivir.
Aun así hay que dejar que el pueblo hable, y eso pasó en La Cruz, en Carrillo, en Nicoya, en Liberia, en Santa Cruz. En esos cantones y sus barriadas hay un sentimiento de abandono que se refleja con poca comida, nada de trabajo, casas de latas, tubos secos, tierra agrietada, pero sobre todo recuerdos del Presidente en campaña con promesas.
Hay resentimiento porque Guanacaste no quiere un desarrollo de 25 de julio, no tiene interés en ver al Presidente y su comitiva de guayaberas blancas bailando, comiendo tortillas e inaugurando cuanto proyecto tengan como ases bajo la manga para que les tomen fotos y videos que luego saldrán en las noticias.
No, ese progreso es una falacia, pues bien lo dice Mahatma Gandhi, “El verdadero progreso social no consiste en aumentar las necesidades sino en reducirlas voluntariamente, pero para eso hace falta ser humildes”.
¿Para qué esperó la gira de la Anexión este gobierno? ¿Para dar el visto bueno a proyectos importantes y presentarlos al país si sabe que los guanacastecos están urgidos? Si era por la cinta, sale sobrando tanto acto protocolario.
No es el progreso de un acto de gobierno lo que el pueblo necesita, tampoco como dijo el ministro Mauricio Herrara a DIARIO EXTRA, “no hace falta que el Presidente vaya a esos lugares”. Pues déjenos decirle que sí, que lo que es bueno para el ganso es bueno para la gansa, y si hace tres años ir a tocar puertas humildes, llenarse los zapatos de polvo y besuquear a las señoras del pueblo fue justo para llegar al poder, entonces cuando se está cerca de la penuria se hace más necesario.
Eso de que el amor no es recíproco no es cierto. La lealtad, la tolerancia y el respeto se ejercen en las dos vías y los pobladores de la golpeada Guanacaste que crece desigualmente merecen que usted los visite en las buenas y en las malas.
Tal vez a usted, señor Solís, y a su gabinete les haga falta ver de cerca las moscas en la piel de los africanos, oler la desesperación, vivir entre cuatro latas, sentir la garganta seca y caminar sobre un suelo lleno de grietas como el alma de sus agricultores para sensibilizarse. Hay gente con la dermis tan insensible que posiblemente todo esto sirva apenas para llenar las páginas de un informe presidencial.
Guanacaste fue más que el 25 de julio y ahora deberá esperar 11 meses y resto para estar de nuevo bailando al ritmo de la Anexión.