No es de mi sangre pero sí es mi hijo

CONSULTA Le escribo para ver si puede aconsejarme, me voy a unir a una mujer hermosa que ya tiene un hijo pequeño, como es normal si uno quiere a la gallina quiere también al pollito, en mi caso es así, yo quiero mucho al niño y es mi deseo convertirme en su padre (aunque él […]

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CONSULTA

Le escribo para ver si puede aconsejarme, me voy a unir a una mujer hermosa que ya tiene un hijo pequeño, como es normal si uno quiere a la gallina quiere también al pollito, en mi caso es así, yo quiero mucho al niño y es mi deseo convertirme en su padre (aunque él tiene uno), tengo temores y no sé cómo hacerlo, ocupo que me de indicaciones a seguir.

RESPUESTA 

Quiero contarte una historia de paternidad que sé le va a ayudar en su situación, en esta historia a pesar de no ser hijo de sangre, se convirtió en un hijo de amor, como si fuera suyo, de su propia carne y sangre.

“Cuando conocí a la que actualmente es mi esposa, ya ella tenía un hijo, era divorciada igual que yo y en mi caso yo también tenía mis hijos que vivían con mi exesposa, como saben el entrar en esa situación no es nada fácil, y ambos tuvimos que medir muchas variantes que se pueden presentar en este panorama, una de las cosas que tuvimos que hablar fue el asunto de si ella deseaba que yo solo fuera pareja o si también quería que tuviera un rol paternal, me dijo que sí deseaba eso, pues era consciente de que en un hogar se ocupa de un hombre bueno, maduro y sabio que ayude a formar, proteger y amar a los integrantes del nuevo hogar, y yo deseaba convertirme en ese hombre tan importante, deseaba contribuir, ser suma más que resta en ese nuevo hogar que deseábamos iniciar.

El pequeño tan solo tenía 6 años y su padre siempre estuvo ahí, el día que se fue le dolió mucho y entró en una ansiedad y depresión importante, desde que vi el corazón destruido de este niño me puse como meta ayudar a sanar las heridas del menor, era algo difícil pues él me veía más como un enemigo que como un amigo, deseaba que sus padres volvieran a unirse y ser feliz de nuevo, mi presencia le molestaba y provocaba en él desplantes para conmigo, entonces inicié en convertirme en un líder más que en un amigo o en un padre, en ser más un mentor y cuando me refiero a líder me refiero a un líder sano, no un jefe o un mandamás o una figura autoritaria y machista, un líder que inspira, que se admira porque respeta a los demás por ser firme pero a la vez ser amoroso.

Fue así como a través de los años fui construyendo no una amistad, no una paternidad sino un liderazgo basado en el amor sano y respetuoso, con el tiempo me di cuenta de que ese niño que se iba convierto en adolescente se iba convirtiendo como fruto del trabajo en un hijo, se podía ver pues sin exigir aprecio él me lo dio, sin exigir autoridad paterna él mismo me la concedió, él seguía teniendo relación con su padre y les iba bien, pero a pesar de ese factor entendió que tenía dos padres y que uno vivía con él y que lo amaba”.

 

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