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Cada 15 de setiembre, las calles de Costa Rica se llenan de azul, blanco y rojo. Niños, jóvenes y adultos, sin distinción de edad o condición social, celebran la independencia en una fiesta que une al país.
En los últimos años, esa celebración también migró a las redes sociales, donde abundan las fotos de desfiles y banderas compartidas con orgullo. Pero la patria no se construye con un “post” ni con un “me gusta”. Costa Rica necesita ciudadanos comprometidos, que sientan los colores más allá de una semana festiva y trabajen a diario por un país mejor.
Hoy atravesamos un punto crítico: las decisiones que se tomen pueden cambiar para siempre el rumbo de la nación que heredamos de nuestros abuelos y padres. El reto no es solo preservarla, sino mejorarla y entregarla fortalecida a nuestros hijos.
El periodista colombiano Jaime Garzón advertía que el problema de su país eran los propios ciudadanos, más interesados en el fútbol y el fin de semana que en madrugar a construir futuro. Ese mal, incubado en buena parte de Latinoamérica, también nos toca.
¿De qué sirve celebrar la independencia si no hemos aprendido a ejercerla? No basta con subir una foto de la bandera si no exigimos a nuestros gobernantes el país que nos merecemos.
No basta con desearnos “feliz día” si solo nos sentimos patriotas cuando juega la Selección.
Poco importa enorgullecernos de no estar bajo el yugo extranjero si vivimos indiferentes a la realidad política y social. Mientras evadamos los problemas de fondo y no inculquemos a las nuevas generaciones el interés por los asuntos públicos, seguiremos siendo ciudadanos a medias.
La independencia no se conmemora: se practica. Solo con un debate público enriquecido y con atención a los temas que impactan nuestra calidad de vida podremos hablar de libertad plena. Cumpliremos entonces lo que dictan los versos del Himno Patriótico al 15 de Setiembre, cuando como sociedad busquemos soluciones conjuntas y comprendamos el peso de las decisiones de quienes gobiernan.
Si seguimos dedicando más tiempo a discutir la eficacia de la Selección Nacional que el estado de nuestro sistema educativo, o si permanecemos indiferentes a la degradación de la paz social, no sabremos ser libres. Seremos, como lo advierte el himno, eternamente “siervos menguados”.