
Lo que comenzó como una sencilla muestra de solidaridad terminó convirtiéndose en un fenómeno que ha cruzado fronteras. Franco Hernández, un niño costarricense de apenas cuatro años, se volvió viral luego de que un video lo mostrara preparando y entregando sándwiches a recolectores de basura en Zapote, San José.
Las imágenes, compartidas por su madre, Karol Sáenz, tocaron fibras sensibles dentro y fuera del país. La espontaneidad del pequeño, sumada a sus palabras llenas de inocencia, provocaron millones de reproducciones y miles de mensajes de personas que encontraron en él un recordatorio de la empatía y la bondad.
La historia nació de una iniciativa impulsada por el propio Franco. Según cuenta su madre, el pequeño ya tenía la costumbre de compartir con otras personas, pero en esta ocasión quiso hacer algo más especial.
El video fue publicado sin mucha edición, como tantos otros momentos familiares que Karol acostumbra grabar. Sin embargo, la respuesta superó cualquier expectativa.
“La verdad es que mucha satisfacción y mucha gratitud. Nosotros apenas ahora nos estamos dando cuenta de la magnitud que tuvo ese video, porque ha llegado a más de 17 países y nos han escrito personas de muchas partes del mundo agradeciéndonos por un gesto que nunca pensamos que iba a generar algo tan grande”, relató Sáenz.
La repercusión internacional sorprendió a toda la familia. Personas de distintas partes del planeta comenzaron a compartir la historia y a escribir mensajes sobre el impacto que les generó ver la acción de Franco.
“Son mensajes tan lindos. Hay personas que nos escriben diciendo que no tenían ganas de tener hijos y que ahora nosotros somos los culpables de que sí quieran tenerlos. Otros nos dicen que ya no perdieron la fe en la humanidad y que ahora saben que todavía hay niños que se están educando de esta manera”, comentó.
El impacto de la historia de Franco también trascendió las redes sociales. Como muestra de agradecimiento por su gesto hacia los recolectores de residuos, la Municipalidad de San José lo invitó a conocer de cerca el trabajo que realizan estos funcionarios.
Durante la visita, el pequeño compartió con los trabajadores municipales, recorrió las instalaciones y recibió un uniforme similar al que utilizan los recolectores. Además, fue distinguido con una placa de reconocimiento como Colaborador de Honor, en un acto en el que también participó el alcalde de San José, Diego Miranda.
La experiencia fue especialmente significativa para Franco, quien siente una gran admiración por quienes realizan esta labor y suele expresar que le gustaría convertirse en recolector de basura cuando sea grande.
Aunque el video lo hizo famoso, para su familia la actitud de Franco no fue una sorpresa. Su madre asegura que desde muy pequeño ha demostrado sensibilidad hacia quienes lo rodean.
“Desde que era muy pequeño siempre lo veía compartiendo. Él estaba pendiente de que todos tuvieran la oportunidad de participar o de recibir algo. Son acciones que le nacen naturalmente y que ha demostrado desde muy chiquitito”, explicó.
Karol describe a su hijo como un niño enérgico, carismático, amante de la cocina, los viajes y las aventuras familiares. Entre sus comidas favoritas está la pasta con salmón y, curiosamente, cuando le preguntan qué quiere ser cuando crezca, responde que le gustaría trabajar como recolector de basura.
Para ella, una de las principales enseñanzas que deja esta experiencia es la importancia de escuchar a los niños y valorar lo que tienen para aportar.
“Yo he aprendido tanto de Franco en estos cuatro años. A veces los adultos creemos que somos quienes enseñamos, pero los niños también tienen muchísimo que enseñarnos sobre amor, empatía y generosidad”.
También insiste en que la formación de los hijos va más allá de establecer reglas.
“No es solo crianza respetuosa, también es crianza amorosa. Los niños ya traen dentro de ellos esa nobleza y ese amor. Lo que nos corresponde a nosotros es cuidarlo y fomentarlo para que siga creciendo”.
Detrás de las sonrisas y la popularidad reciente existe una historia que marcó profundamente a la familia. Cuando Franco nació sufrió asfixia y tuvo que permanecer varios días bajo atención médica especializada.
“Franquito tuvo asfixia al nacer. Fueron nueve días muy difíciles. Uno sueña con dar a luz y que le entreguen a su bebé, pero en nuestro caso eso no pasó. Gracias a Dios, a los doctores y a muchas personas que oraron por él, hoy lo tenemos aquí”.
Aquella experiencia fortaleció el vínculo familiar y la forma en que decidieron vivir cada etapa junto a él. De hecho, Karol comenzó a grabar videos de su hijo precisamente para conservar recuerdos valiosos.
“Mi papá murió hace dos años y algo muy valioso que me quedó de él fueron los videos y los recuerdos. Cuando los veo, me dan paz. Por eso decidí grabar tantos momentos con Franquito, porque los videos y las fotos se convierten en recuerdos que acompañan cuando las personas ya no están”.
Hoy, mientras el video sigue acumulando reproducciones y mensajes, la familia intenta mantener los pies sobre la tierra. Lo que más valoran no son las cifras, sino el impacto positivo que generó una acción nacida desde el corazón de un niño.
“Cuando oramos en las noches, ahora nuestra oración de gratitud es: ‘Diosito, gracias porque nos permitiste tocar tantos corazones’. Yo veo que Franquito, a pesar de tener apenas cuatro años, sí está consciente de lo que estamos haciendo”.
Para Karol, la lección es sencilla: aprovechar cada día para hacer el bien.
“Si Dios nos regala un día más, creo que tenemos que aprovecharlo para hacer una acción bonita y alegrarle el día a alguien. Eso es algo que nosotros tratamos de enseñarle a Franco todos los días”, concluyó.











