Navidad, esperanza transformadora

Mons. José Rafael Quirós / Arzobispo Metropolitano de San José

El 54% de los reclamos de los oficiales son por montos menores a ¢60 mil.

“No tengan miedo, les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor.” Con este mensaje san Lucas centra nuestra atención en la esencia del tiempo de navidad, Jesús es la razón de nuestro gozo y nuestra paz. 

En esta Solemnidad resplandeciente de luz, de paz y cercanía divina, hemos de sentirnos espiritualmente unidos como hermanos, porque el Nacimiento de Jesús es el mayor signo de esperanza transformadora. Y, pido al Señor que nació en Belén, se renueven los lazos de auténtico amor y solidaridad en cada una de las familias de nuestro querido país. 

Aprovecho tan importante fiesta, para enviar un saludo a todas las personas de buena voluntad pues, como lo manifestó el Papa Francisco en la Navidad de 2014, la navidad y sus signos tocan el corazón de todos, “también de aquellos que no creen, porque hablan de fraternidad, de intimidad y de amistad, llamando a los hombres de nuestro tiempo a redescubrir la belleza de la sencillez, del compartir y de la solidaridad”. En contraste con la codicia y el egoísmo imperante en el corazón de algunos, la Navidad, especialmente desde su legítimo fundamento cristiano es capaz de suscitar los más nobles sentimientos.  

 En nuestro país son cientos de compatriotas que han llevado adelante proyectos de ayuda humanitaria durante estos días. Con generosidad desbordante para los más necesitados, han provocado una sonrisa en los rostros de muchos niños, enfermos y marginados. Con la conciencia de que: “cuanto hicieron a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicieron” (Mt 25,40).

Navidad es compartir la vida, es estar junto al otro, tal y como lo ha hecho Aquel que, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; “al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos” (Filipenses 2).  

Ante todo es darse hasta el extremo, como  lo hizo el Enmanuel, el Dios con nosotros; más   que dar cosas. En consecuencia, dispongámonos todos para que en estos días en los que se incrementa la convivencia familiar, aprovechemos el tiempo para dialogar, para compartir en familia, para fomentar la unidad y suscitar compromisos sinceros en orden a actitudes constructivas; permitiendo al Señor nacer en nuestros corazones. 

Qué hermoso será si se excluye el abuso de alcohol, todo tipo de violencia, en especial la intrafamiliar, y evitar  discusiones que siembran el resentimiento o la división. 

En razón que nace el Príncipe de la Paz, la mejor manera de celebrar su nacimiento será manifestar tolerancia, comprensión y respeto a la dignidad de todos, evitando entre otras cosas, el abandono de adultos mayores y personas con depresión.

Así, si abrimos las puertas de nuestros corazones para que nazca Jesús,  ciertamente tendremos una Feliz Navidad.