
La música urbana se convirtió en una nueva herramienta utilizada por estructuras criminales para enviar mensajes, exponer rivalidades y reflejar la cultura del sicariato en Costa Rica.
Así lo advirtió el director del Organismo de Investigación Judicial (OIJ), Michael Soto, quien explicó que actualmente realizan un análisis sobre el contenido de canciones vinculadas con grupos criminales locales.
“Ahorita estamos haciendo un estudio que tiene que ver con la música urbana que están utilizando las estructuras criminales locales para enviarse mensajes entre ellos y también explicar un poco la cultura y la forma como viven”, indicó.
Según Soto, las letras permiten comprender el entorno en el que se desarrollan estas organizaciones y la manera en que proyectan poder, violencia y pertenencia territorial.
“Las letras son muy reveladoras”, afirmó.
El jerarca señaló que este fenómeno forma parte de una transformación más amplia ligada a la cultura narco, donde grupos criminales imitan comportamientos y símbolos utilizados por organizaciones de México y Colombia.
Soto indicó que durante distintos operativos las autoridades han encontrado altares relacionados con la Santa Muerte, Malverde y otras figuras religiosas utilizadas por sicarios.
Además, recordó que incluso han detectado prácticas similares a las retratadas en producciones sobre el narcotráfico colombiano, donde los delincuentes realizaban oraciones antes de cometer asesinatos.
El criminólogo Rodrigo Campos explicó que estas expresiones forman parte de una necesidad humana de crear identidad y simbolismos, incluso dentro del crimen organizado.
“Las personas que están dentro del mundo de la ilegalidad también expresan todo su modo de vida a través de asuntos artísticos”, señaló.
Campos indicó que los narcocorridos mexicanos son uno de los ejemplos más conocidos, aunque aseguró que este fenómeno se presenta en distintos países de América Latina.
“No es algo nuevo, lo que cambia es qué tan explícito sea y qué tanto se difunda”, explicó.
El especialista añadió que las redes sociales facilitaron la expansión de este tipo de contenido y permitieron que llegue a más personas.
“Ahora las redes sociales pueden difundir un producto de ese tipo de manera muy sencilla”, afirmó.
Según Campos, estas canciones también funcionan como mecanismos de identificación para personas vinculadas con estructuras criminales.
“Sirven para que las personas vinculadas al mundo del crimen tengan elementos de identificación y creación de identidad”, indicó.
El criminólogo aseguró que este tipo de contenido incluso es utilizado como herramienta de análisis e investigación.
“Son elementos utilizados para la
detección, el conocimiento y la decodificación de actividades criminales”, detalló.
Por su parte, la especialista Tania Molina aseguró que detrás de este fenómeno existe una estructura de comunicación criminal basada en símbolos y códigos.
“Efectivamente, hay que analizarlo desde otra óptica, se trata de semiótica criminal, se trata de códigos, de lenguaje y de envío de mensajes para otras organizaciones criminales”, explicó.
Molina indicó que incluso algunas estructuras delictivas pagan para producir canciones con mensajes específicos dirigidos a bandas rivales.
“Hay redes criminales que pagan a ciertos sujetos para que hagan canciones con cierta temática y con ciertos mensajes codificados”, afirmó.
Además, señaló que la narcocultura se utiliza como una herramienta táctica dentro del crimen organizado.
“Esas canciones y videos los utilizan como una herramienta para enviar mensajes directos con amenazas a bandas rivales y para exaltar delitos como el sicariato”, detalló.
La especialista agregó que este contenido no solo glorifica el dinero y el poder de los narcotraficantes, sino que también transmite advertencias y mensajes ocultos entre estructuras criminales.
“Esa música no solo engrandece la riqueza de los capos, sino que contiene mensajes velados o directos hacia otras organizaciones”, añadió.
Soto también alertó sobre el impacto social del fenómeno, principalmente entre jóvenes de zonas vulnerables.
El director del OIJ advirtió que el fenómeno del sicariato debe analizarse desde múltiples factores y no únicamente desde la perspectiva policial, ya que también involucra componentes sociales, económicos y culturales.