Nada sobra cuando aprovechamos todo

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Por Lcda. Karen Ibarra Cuevas, Decana Facultad de Nutrición, UCIMED.

¿Cuántas veces ha botado la cáscara de una zanahoria, las hojas del apio o la pulpa que queda después de preparar un jugo? Lo hacemos casi sin pensarlo. Creemos que son desechos, cuando en realidad muchos de ellos todavía tienen valor nutricional y pueden convertirse en nuevos alimentos.

Vivimos en una cultura donde con frecuencia compramos de más y aprovechamos de menos. Sin embargo, existe una forma diferente de ver la alimentación: la economía circular. Este concepto propone que los recursos permanezcan en uso el mayor tiempo posible, reduciendo el desperdicio y dando una segunda oportunidad a aquello que normalmente terminaría en la basura.

En la cocina de nuestras casas podemos ponerla en práctica todos los días. Las hojas de la remolacha pueden prepararse como un salteado, los tallos del brócoli sirven para cremas o picadillos, la cáscara de la piña puede utilizarse para preparar una bebida natural y el pan del día anterior puede convertirse en tostadas, budines o pan rallado. Incluso la pulpa que queda al preparar leche de almendras o avena puede incorporarse en galletas, panqueques o batidos.

Aprovechar mejor los alimentos no significa usar nuestra creatividad para sacar el máximo provecho de lo que ya compramos. Además de ahorrar dinero, reducimos la cantidad de residuos y disminuimos el impacto ambiental asociado a la producción de alimentos.

Hoy existen harinas elaboradas con subproductos de frutas, ingredientes obtenidos de semillas que antes se descartaban y nuevos alimentos desarrollados a partir de materias primas que tradicionalmente no se aprovechaban. Lo que antes era un residuo, ahora representa innovación y nuevas oportunidades.

Antes de tirar un alimento, pregúntese si realmente ya cumplió su ciclo o si todavía puede convertirse en otra preparación. Muchas veces la respuesta sorprenderá. La sostenibilidad no siempre comienza con grandes proyectos. A veces inicia cuando decidimos aprovechar un tallo, transformar una cáscara o planificar mejor nuestras compras para que nada termine en el basurero.

Porque cuidar el planeta también empieza en la cocina. Y cuando aprendemos que casi todo puede tener una segunda oportunidad, descubrimos que el verdadero desperdicio no está en los alimentos, sino en las oportunidades que dejamos pasar.