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Las mujeres reciben un menor monto de pensión al momento de jubilarse que los hombres, de acuerdo con el IV Informe de Brechas en el Acceso y Uso de Productos y Servicios del Sistema Financiero.
Las cifras del documento, elaborado por el Instituto Nacional de las Mujeres (Inamu), detallan que la diferencia en el Régimen de Invalidez, Vejez y Muerte (IVM) es cercana a los ¢87 mil. Esto se debe a que la población femenina recibe una pensión mensual de ¢285 mil, mientras que los hombres perciben ¢372 mil.
Incluso en el sistema del Poder Judicial se presenta una brecha superior a los ¢300 mil en los montos de pensión.
“Hay, históricamente, algunos elementos detonantes que vienen a repercutir en el resultado del retiro, el monto de pensión y la utilización de beneficios en el periodo de jubilación”, indicó Percy Arroyo, vocero de la Superintendencia de Pensiones.
Las brechas se mantienen al analizar la cantidad de afiliados en los diferentes regímenes. En el caso del IVM, hay 676 mil mujeres cotizando activamente. Esta cifra es inferior en 290 mil personas a la registrada entre los hombres.
En el caso del Régimen Obligatorio de Pensiones (ROP), la diferencia supera las 600 mil personas.
El informe explica que estas diferencias obedecen a desigualdades estructurales en las trayectorias laborales, como un ingreso más tardío al sistema, superior a un año respecto a la edad en que los hombres se incorporan al mercado laboral.
También se consideran interrupciones más prolongadas, durante las cuales las mujeres permanecen fuera del mercado laboral por más de 30 meses para atender situaciones relacionadas con la maternidad y las labores de cuido.
Esto incide en un menor tiempo de cotización. La población femenina realiza aportes durante 28 años, mientras que en el caso de los hombres la cifra se acerca a los 30 años. Además, se consideran diferencias salariales y la concentración de mujeres en sectores con menores niveles de remuneración.
“Estas brechas limitan la capacidad de las mujeres para consolidar una pensión contributiva suficiente, aumentando su dependencia de regímenes No Contributivos y su vulnerabilidad económica en la vejez. La situación refleja la transmisión de desigualdades del mercado laboral al sistema de pensiones y subraya la necesidad de medidas compensatorias sensibles al género”, expone el Inamu.
