
Cada 8 de marzo el mundo conmemora el Día Internacional de la Mujer, una fecha que recuerda las luchas históricas por la igualdad de derechos, pero también una oportunidad para visibilizar historias de mujeres que, desde distintos ámbitos, han abierto camino para otras.
En Costa Rica, miles de mujeres construyen día a día sus propios espacios en áreas tradicionalmente dominadas por hombres, impulsan cambios sociales o transforman sus propias historias de vida para inspirar a otras personas.
Detrás de cada logro hay retos, sacrificios y decisiones difíciles, pero también convicción y pasión. Desde el arte y la seguridad pública, la ingeniería, el derecho, el emprendimiento o la superación personal, estas 5 mujeres comparten su historia y reflexionan sobre lo que significa abrirse paso en sus profesiones y en la vida.
Ser policía implica enfrentar situaciones de alto riesgo, tomar decisiones en segundos y servir a la comunidad incluso en los momentos más difíciles. Para Yuri Espinoza, oficial de la Policía Municipal de San José, esa vocación de servicio también se expresa a través del arte.
Además de patrullar las calles, Yuri utiliza pinceles y pintura para crear murales que transmiten mensajes positivos a niños y jóvenes.
“El trabajo de una mujer policía, aparte de ser un trabajo muy alto valioso. Es un trabajo de alto riesgo y se disfruta mucho, la verdad, siendo policía, porque el hecho de servir y ayudar a las personas es algo de mucho, mucho amor”, afirma.
Desde niña descubrió su talento para el dibujo y la pintura, una habilidad que hoy utiliza como herramienta para generar cambios en su comunidad. A través de talleres y actividades artísticas busca que los niños encuentren un espacio positivo donde desarrollar sus talentos.
“A mí siempre, siempre se me ha hecho muy fácil dibujar, pintar. Era buena para eso, pero para otras cosas no, como todo el mundo, ¿verdad? Tenemos un talento que es bueno desarrollarlo y explotarlo, y sobre todo cuando es para servir y para apoyar y dar ejemplo hacia los niños”, explica.
Pero su mayor reto es combinar su trabajo con la maternidad. Para ella, ser madre y policía implica un compromiso doble.
“Una mamá policía es complicado por lo mismo, porque tenemos que arriesgar la vida por personas y dar ese ejemplo hacia nuestros hijos, de ser una mamá valiente, luchadora. Uno toma tiempos en la calle, donde uno no sabe si va a llegar a la casa o no. Es un trabajo bien complejo, pero muy, muy satisfactorio”.
La arquitecta y creadora de contenido Valeza Rodríguez ha logrado combinar su carrera profesional con el emprendimiento digital y la creación de espacios de apoyo entre mujeres.
A través de redes sociales construyó una comunidad interesada en temas de estilo de vida, salud y bienestar. Ese proyecto evolucionó hasta convertirse en “Sin Reglas”, una plataforma enfocada en educación sobre salud femenina y cambios hormonales.
“Creo que ser mujer siempre ha sido algo bastante desafiante, pero en este momento tenemos las posibilidades de tomar las riendas de nuestras decisiones y de nuestros caminos y poder hacer todo lo que queramos si nos lo proponemos. En mi caso yo soy mamá, nunca he dejado de ser profesional, pero siempre he tenido la espina de hacer más cosas”, afirma.
Uno de los proyectos más importantes de esta plataforma ha sido la creación del primer festival en Costa Rica dedicado a la menopausia, un espacio para hablar abiertamente sobre un tema que durante años ha sido tabú.
Rodríguez considera que el apoyo familiar ha sido fundamental para desarrollar sus proyectos.
“Mi familia siempre ha estado detrás de todo lo que hago. Tener esa red de apoyo hace la diferencia”.
“Nunca he querido pensar que soy diferente por el hecho de ser mujer. Cuando uno empieza a conocer otras realidades se da cuenta que todavía hay mucho apoyo que necesitamos las mujeres para poder liderar. Tenemos mucha carga en casa, mucha carga emocional, mucha carga cultural y social que nos sigue arrastrando”.
Para ella, el mensaje para las nuevas generaciones es que el miedo no debe detenerlas.
“Aunque tengamos miedo hay que lanzarse. Si un sueño no da miedo, probablemente no es lo suficientemente grande”.
La historia de Vilma Delgado es una de resiliencia y transformación. Durante 2 décadas vivió en las calles de San José atrapada en el consumo de drogas y en situaciones de violencia que marcaron profundamente su vida.
Recuerda que desde niña se sintió invisible en su propio hogar.
“El sentirse uno desde niño invisible es porque no hubo una atención. Con la frialdad, a veces, de los padres, en que se les da el platito de comida y la camita, aunque dormíamos cinco en una cama, el afecto y el vínculo que hay que hacer desde el niño pequeño es primordial para el ser humano”, relata.
En su adolescencia comenzó a consumir alcohol y posteriormente otras drogas. Con el tiempo terminó viviendo en la calle, donde pasó años enfrentando adicciones, pobreza y exclusión.
“20 años en drogas, en todo lo que es San José, Zona Roja, todo. Estuve desde los 19 hasta los 21 en la cárcel del Buen Pastor. Primero fui la chacha de todas, para después ocupar el puesto de líder de la cárcel, líder negativa”, explicó.
El punto de quiebre llegó en 1999, cuando se vio reflejada en un espejo y apenas se reconoció.
“Yo me asomo y veo algo muy feo en un espejo. Y yo, ¿qué es eso tan horrible que veo ahí en el espejo? Pero me fui asomando poquito y era yo. Me vi y dije: esa no soy yo. ¿Qué hiciste conmigo? Porque yo tenía todo el pellejo pegado al cuerpo. Era una adicta y yo nunca me había visto así en un espejo. Ese día entendí que tenía que cambiar”, recuerda.
A partir de ese momento decidió iniciar un proceso de rehabilitación que transformó completamente su vida.
“Un domingo, nadie me dio de comer, nadie me dio nada. Me escupieron, me patearon en las cantinas. Me escupieron así como peor que un perro. Yo me acosté llorando en un cartón, en una casa abandonada. Y eso fue el 26 de septiembre del 99. Y hasta el día de hoy yo nunca más volví a usar drogas, ni licor, ni nada”, afirma.
Hoy comparte su historia como testimonio de que siempre es posible empezar de nuevo.
En el ámbito del derecho internacional, Andrea Hulbert ha construido una carrera destacada como árbitra, mediadora y especialista en resolución de disputas complejas en América Latina y Estados Unidos.
Durante más de 3 décadas ha trabajado en un campo que, cuando inició su carrera, estaba ampliamente dominado por hombres.
“Ser mujer ha sido algo que he mantenido como una bandera. Es algo que las mujeres no podemos perder, aunque entremos en mercados masculinos, sin lugar a dudas, tenemos que mantener la bandera femenina, la feminidad, nuestra elegancia, lo que nos guste. Había un poco un mito de que uno tiene que masculinizarse para entrar a ciertos mercados, sobre todo cuando yo entré en estos mercados hace más de 30 años, que eran mercados dominados por los hombres. Pero la feminidad la tenemos que mantener”, asegura.
Tras trabajar en algunas de las firmas más grandes del país, decidió fundar su propia firma boutique especializada en disputas complejas en derecho civil y comercial.
Su mayor motivación, sin embargo, ha sido la maternidad.
“Yo creo que el momento que marcó un antes y un después en mi trayectoria fue la maternidad. Lo más importante que me ha pasado en toda mi vida no tiene realmente que ver con mi carrera profesional sino con ser madre. Poder haberme desempeñado como madre de dos hijas sin dejar mi carrera profesional de lado es algo muy importante. Hoy mis hijas son la prueba viviente de que podemos trabajar, desempeñarnos profesionalmente y al mismo tiempo ser madre”.
Hulbert asegura que el mensaje para las nuevas generaciones es claro, los sueños sí se pueden alcanzar.
“Las mujeres nacimos para ser profesionales igual que todos los demás seres humanos y desempeñarnos ampliamente en lo que es nuestra pasión. Tenemos que creernos que sí podemos ser las líderes… Yo soy una fiel creyente de que todos los sueños se hacen realidad, por supuesto que con mucho trabajo y mucha dedicación, pero los sueños sí se pueden hacer realidad”.
“No debemos tener ideas limitantes. Si uno está listo para dar el paso, hay que dar el paso para crecer. Yo digo que la persona que se siente cómoda no está creciendo. Cuando uno llega a un punto de comodidad tiene que incomodarse para crecer, es la única forma”.
Desde hace más de 20 años, Gabriela Solano Valverde, ingeniera en construcción, ha estado al frente de importantes proyectos de infraestructura pública en Costa Rica.
Su carrera comenzó en el Instituto Tecnológico de Costa Rica, donde desde estudiante tenía claro que quería abrirse paso en una profesión históricamente dominada por hombres.
A lo largo de su trayectoria ha liderado proyectos complejos y equipos de trabajo que en ocasiones superan los 150 trabajadores, la mayoría hombres.
“Después de 20 años en esto, ya uno se acostumbra. Como he dicho en otras ocasiones, es ganarse el respeto de la gente, y siempre mantener esa relación de respeto entre ellos, y todo fluye bien”, comenta.
Para Gabriela, uno de los mayores retos ha sido encontrar equilibrio entre su vida profesional y familiar. Muchos de sus proyectos se han desarrollado fuera de la Gran Área Metropolitana, lo que implica largos desplazamientos y jornadas exigentes.
“A veces salir lejos y luego regresar a casa es cansado. Pero siempre llego con ganas de ver a mis hijos, saber cómo les fue en la escuela y compartir con ellos”, señala. A pesar de los desafíos, asegura que seguir sus sueños ha valido la pena y espera que más mujeres se animen a explorar carreras en ingeniería y construcción.












