Microtráfico de drogas impulsa a las mujeres al crimen organizado

Un tercio de las encarceladas están por estupefacientes, según autoridades

La exclusión social y la precariedad económica impulsan a muchas mujeres a integrarse en estructuras criminales, especialmente en actividades vinculadas al narcotráfico.

Así lo señala el Informe del Estado de la Nación 2025, que evidencia cómo el mercado ilícito de drogas recluta a mujeres en situación de vulnerabilidad.

El documento subraya un dato alarmante: un tercio de las mujeres privadas de libertad cumple condena por delitos de microtráfico, y esta proporción aumenta a casi dos tercios en el régimen semi-institucional.

Los especialistas consultados afirman que la principal motivación está relacionada con la necesidad de generar ingresos para sostener el hogar.

“Para muchas, delinquir es una cuestión de supervivencia, buscando condiciones mínimas para vivir, más que lujos u opulencia”, indica el informe.

También preocupa el incremento de muertes violentas de mujeres, la mayoría asociadas a disputas de poder entre grupos criminales y ajustes de cuentas por drogas.

“La cantidad de mujeres asesinadas pasó de un promedio de 56 casos por año en el período 2015-2019 a 75 en el de 2023-2024. Esta cifra incluye el aumento de femicidios y homicidios por ajuste de cuentas”, detalla el documento.

Además, resalta que estas mujeres suelen tener responsabilidades de cuido de hijos, familiares u otras personas dependientes, lo que incrementa la presión económica y es aprovechado por las redes delictivas.

“Más allá de los homicidios, estas cifras confirman la influencia del mercado de drogas en la vida de muchas mujeres que se encuentran en condiciones de vulnerabilidad social”, añade el informe.

Estudio lo respalda

Otro análisis presentado el mismo día, titulado “Evaluación de Políticas de Drogas” del Programa Copolad, advierte que las mujeres privadas de libertad enfrentan obstáculos particulares para su reintegración social y económica.

El estudio respalda la tesis de que gran parte de ellas está encarcelada por delitos de microtráfico, vinculados a la pobreza y a las responsabilidades de cuido.

“Estos escenarios profundizan la exclusión social y reproducen círculos de vulnerabilidad que limitan su reinserción tras cumplir la condena. La ausencia de políticas diferenciadas que incorporen una perspectiva de género en la justicia restaurativa constituye una brecha que debe ser atendida”, concluye el informe.

Historia de violencia

Sus vidas están marcadas por múltiples violencias desde la infancia, incluyendo violencia intrafamiliar, sexual y psicológica, a menudo presentes en sus relaciones de pareja y su entorno comunitario.

“Su participación se asocia a factores como la violencia intrafamiliar, la necesidad de generar ingresos para la subsistencia del hogar, bajo acceso a la educación y falta de oportunidades laborales formales”, según el informe.

Roles operativos

Dentro de los grupos criminales, cumplen funciones como “campanas” (vigilantes que avisan de riesgos, el eslabón más bajo de la cadena de poder), vendedoras terminales y gerentes de zona. 

También se involucran como testaferros para legitimar capitales o para almacenar producto. Además, las mujeres son menos sospechosas ante la policía debido a los roles de género tradicionales (mujer sensible, de hogar), lo que le otorga una mayor invisibilidad frente al sistema de control.

Asimismo, desarrollan habilidades estratégicas en la administración de negocios ilícitos y tienden a ser menos violentas en el ejercicio del delito que sus contrapartes masculinas, usando la ausencia de violencia como una estrategia para evadir la represión. Aunque la mayoría son “mujeres-instrumento” con pocas posibilidades de decisión, aquellas que alcanzan un nivel de liderazgo se caracterizan por sus capacidades de negociación y empatía (ligadas al rol de cuido) para resolver problemas más allá de las amenazas.