Mi gran fracaso en materia idiomática

So pena de ser tildado otra vez de \”bombeta\” [hombre presumido que intenta aparentar lo que no es] como lo hicieron hace algunos años en un programa de radio de cantaleta, hoy tendré que entrarle con los \”tacos por delante\” [de modo defensivo] a lo que supongo muchos pensarán de lo que aquí expongo. Pero […]

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So pena de ser tildado otra vez de \”bombeta\” [hombre presumido que intenta aparentar lo que no es] como lo hicieron hace algunos años en un programa de radio de cantaleta, hoy tendré que entrarle con los \”tacos por delante\” [de modo defensivo] a lo que supongo muchos pensarán de lo que aquí expongo. Pero como para verdades está el tiempo, poco después de esos mismos críticos de chota, tuvieron que desdecirse cuando en siguientes comentarios en DIARIO EXTRA, analicé científicamente otros yerros de la Academia de España en su DRAE.
En mi \”bombetada\” de entonces, dije que llevaba más de 20 años de estudiar y analizar el idioma español, pero no como lo enseñan en todas en nuestras aulas escolares, colegiales y universitarias; desde el punto de vista etimológico, temático, por rima, etc. Si entonces y como dice el tango \”veinte no es nada\”, para disgusto de aquellos a los que les gustan los \”aguarraces\” [el licor, la bebida] hoy, suman más que los añitos que tanto les incomodó.
A pesar de que las críticas se toman según de quien vengan – es decir, de la calidad del emisor, en las que ahora me incluyo – a veces a lo insustancial se le puede sacar un mejor provecho. Así entonces, he aquí un análisis científico de lo que considero mi gran fracaso en materia idiomática, todo por haber observado muy de cerca lo mal que hablamos en Costa Rica, sin importar la profesión y el alto puesto que se ocupe. Considero que no es sano que me enfoque en la gente humilde y que no ha tenido oportunidad de estudiar, porque no soy quien para cuestionar aquello de lo que no tuvieron la oportunidad de hacerlo. Así entonces, si medimos cómo hablamos los costarricenses, bastará con tomar como muestra a alguna persona que en sus escritos pretenda o demuestre cierto grado de intelectualidad que no exhiben otros. También, bastará con tomar los escritos de alguien que, por sus méritos idiomáticos, hoy ocupe una silla en nuestra invisible Academia.
Para proyectar una imagen de muy conocedor del idioma, no es necesario emplear un lenguaje inflado, rimbombante, ampuloso, alambicado. Es mejor utilizar palabras apropiadas dentro de lo que denomino como \”lógica lingüística\” en mis comentarios científicos en la Red y no caer en uno o varios soberanos ridículos idiomáticos.
No es para nada sano una demostración de intelectualidad el uso de palabras pesadas o frases en latín [latinajos] que nadie entiende, si por desconocimiento escribe con absurdos idiomáticos que demuestran que no estamos ante la presencia de una persona con un amplio dominio idiomático: es lo que se denomina en inglés como un logodédalo. Tal palabreja que aparece en el diccionario VOX y algunos en inglés, se aplica para quien escribe con palabras escogidas. Agrego yo: escogidas para luego hacer con ellas, un comentario y no a la inversa. Por el otro lado, quien nos representa [en realidad no nos representa, pero lo digo así] en una Academia, debe conocer – merced su condición de graduado – que muchas de las palabras sobre el tema, en una de sus obras, no son costarriqueñismos; corresponden al español internacional: atiparse, obrar [defecar], pelarse, miércoles, carátula, ofídico, oficialismo, correr la bola, sacarse un clavo, toque, oscurana, zancón, cabrearse, chance, almadiarse, meter las cabras [asustar], decibelio, hacer ojitos, mentira [modo de hacer sonar los dedos], holgazán, etc.
Creo haber puesto en escena dos clarísimas muestras de porqué me declaro un fracasado en materia idiomática. Miles de horas dedicadas a la etimología, la rima de las palabras [es decir de la manera en que terminan], trabajos tematizados, etc., para darme cuenta casi al final de mis días, que hasta los más \”galletas\” [hábiles, duchos], como que se les hace difícil comprender de lleno el idioma que hablamos y en el que exponen sus ideas.
Si estos personajes cuya identidad no he revelado no dominan aquello o esto sobre lo que han desarrollado sus vidas en lo privado y en las aulas, no creo que haya otras personas capaces de entender o de aprender el uso correcto del idioma.
¿Y qué del resto de la población? Creo que está de más referirme a ese otro grupo que se supone, casi no tienen experiencia idiomática, por haberlo considerado así el sistema educativo. De aquí qué, entonces, con lo complejísimo de lo que es el idioma, he perdido muchos años de mi vida en trabajos que a nadie le interesan.
Pero la satisfacción que me proporciona y espero de mi esfuerzo en materia científica e idiomática, supongo que es lo que vive un millonario acumulador de riqueza que otros disfrutarán…