“Me dio prediabetes”, el caso de una tica que se inyectó Tirzepatida ilegal

Doctora vendió fármaco falso a su paciente con la promesa de bajar de peso

Las estructuras pueden presentar daños tras los movimientos de las placas tectónicas.

Para una paciente costarricense, lo que inició como una alternativa médica para perder peso terminó transformándose en un calvario clínico que alteró por completo su salud metabólica.

Al confiar en el profesionalismo de una doctora inscrita en el Colegio de Médicos, con consultorio médico en un hospital privado capitalino, su testimonio es uno más de las decenas de costarricenses victimas del mercado negro de la Tirzepatida ilegal.

Todo cambió tras inyectarse de forma semanal esta sustancia adquirida de manera irregular, vendida directamente por la profesional de salud.

“El médico me hizo exámenes después del tratamiento y salí con triglicéridos, colesterol, hígado graso, prediabetes… nunca he padecido de nada de eso. A mí me habían hecho exámenes completos antes en dos centros de médicos distintos y no salía nada alterado”, explicó.

Antes de iniciar el supuesto tratamiento con este fármaco, la paciente cuyo nombre no quiso ser revelado, era una persona sumamente rigurosa con sus controles médicos.

 En menos de un año se había sometido a dos cirugías programadas. Los exámenes preoperatorios completos confirmaban que su organismo funcionaba en perfectas condiciones.

Su presión arterial y sus perfiles metabólicos eran completamente normales antes de introducir esta sustancia en su sistema.

Aunque el compuesto ilegal la hizo bajar 12 kilos rápidamente, la factura orgánica que pagó día tras día deterioró gravemente su calidad de vida.

“Náuseas todos los santos días, dolor de cabeza todos los santos días, me daba un completo asco todo el tiempo cualquier tipo de comida”, detalló.

La consulta “fantasma”

El engaño clínico se vio facilitado por un esquema de atención completamente informal. Nunca recibió una consulta en un consultorio médico, pues la doctora encargada de suministrarle el vial evadió sistemáticamente la formalidad de una cita clínica.

“No hubo cita en consultorio porque ella supuestamente iba a venir a una clínica y nunca se coordinó la cita”, detalló.

La distribución física del producto imitaba la logística del mercado negro. La primera dosis le fue entregada a domicilio, pero las siguientes inyecciones debían ser retiradas en un punto de entrega residencial que nada tiene que ver con un centro médico autorizado.

Además, durante los meses que utilizó la sustancia, el seguimiento médico fue completamente inexistente. No hubo expedientes activos ni llamadas para evaluar sus constantes síntomas de toxicidad

El contacto con la profesional de salud se limitaba estrictamente al momento de cobrar por la siguiente dosis.

El costo de un placebo peligroso

El costo económico de esta estafa de salud ascendió a los ¢850 mil acumulados en un periodo de seis meses

La sospecha sobre la autenticidad del producto se confirmó cuando un médico especialista analizó el frasco que la paciente guardaba en su refrigeradora.

“Me dijo el especialista: ‘Ese medicamento no se sabe ni qué tiene, ese producto ni siquiera está avalado por el Ministerio de Salud’”, agregó.

Este tipo de viales vendidos en el mercado negro costarricense suelen contener anfetaminas, bacterias por falta de esterilidad, dosis altas de insulina y hormonas tiroideas no declaradas para forzar un adelgazamiento rápido a expensas de la salud orgánica.

Además, al ser transportados sin cadena de frío por servicios de mensajería convencionales por una tarifa plana de ¢3 mil, los péptidos se degradan y se vuelven tóxicos.

Los profesionales de la salud que participan en esta red transnacional de contrabando y distribución de medicamentos falsos o sin registro sanitario se exponen a graves procesos ante el Tribunal de Ética Médica. Así como a penas de prisión que van desde los tres hasta los 10 años de cárcel según el Código Penal.