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Por Lcda. Karen Ibarra Cuevas, Decana Facultad de Nutrición, UCIMED
Con el paso de los años, nuestro cuerpo cambia y también lo hacen nuestras necesidades nutricionales. Uno de los aspectos que merece especial atención es el consumo de fibra, un componente de los alimentos que muchas veces pasa desapercibido, pero que cumple funciones esenciales para mantener la salud y la calidad de vida de las personas adultas mayores.
Uno de sus beneficios más conocidos de la fibra es ayudar a prevenir el estreñimiento, un problema frecuente en esta etapa de la vida. La fibra favorece el tránsito intestinal y contribuye a mantener evacuaciones regulares, especialmente cuando se acompaña de una adecuada hidratación y actividad física, según las posibilidades de cada persona.
Pero sus beneficios van mucho más allá, la fibra contribuye al control de los niveles de glucosa en sangre y puede ayudar a reducir el colesterol, dos aspectos importantes para prevenir complicaciones asociadas con la diabetes y las enfermedades cardiovasculares. Además, algunos tipos de fibra alimentan las bacterias beneficiosas del intestino.
¿Dónde podemos encontrarla? En alimentos cotidianos y accesibles: avena, frijoles, lentejas, garbanzos, frutas, vegetales y cereales integrales. Una papaya en el desayuno, una porción de frijoles en el almuerzo o una fruta como merienda son pequeñas decisiones que pueden marcar una diferencia.
Sin embargo, aumentar el consumo de fibra requiere algunos cuidados, lo ideal es hacerlo progresivamente para evitar molestias como gases e inflamación abdominal. También es fundamental tomar suficiente agua, ya que la fibra necesita líquidos para ejercer adecuadamente sus funciones. En personas con dificultades para tragar, problemas intestinales específicos o restricciones de líquidos indicadas por el médico, las recomendaciones deben individualizarse.
Por eso, no basta con recomendarles consumir más fibra: debemos facilitar el acceso a alimentos nutritivos, adaptar las preparaciones y procurar que cada comida sea agradable y suficiente.
Envejecer saludablemente no depende de un alimento “milagroso”, sino de hábitos sostenidos en el tiempo. La fibra es una gran aliada para cuidar el intestino, el corazón y el metabolismo. Incorporarla diariamente, con una alimentación variada y acompañamiento profesional cuando sea necesario, es una forma sencilla de invertir en bienestar, autonomía y calidad de vida durante la edad adulta mayor.