Más de la mitad de las personas con discapacidad fuera de fuerza laboral

Mujeres enfrentan mayores dificultades para encontrar empleo

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Fabiana Castillo tiene 28 años, formación académica destacada, participación internacional en organismos de derechos humanos y experiencia laboral. Sin embargo, al igual que más de la mitad de las personas con discapacidad en Costa Rica, no tiene empleo.

“Llevo muchos años buscando trabajo, he ido a ferias, he dejado currículos, tengo un perfil en la Agencia Nacional de Empleo, he asistido a entrevistas, ¡y nada! Al principio uno se ilusiona, pero al final todo queda en un ‘no nos llame, nosotros le llamamos’. Nunca me han insultado, pero conozco personas que sí han sido discriminadas groseramente”, relató.

Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), en Costa Rica hay 676.310 personas con alguna discapacidad, lo que representa el 17,2% de la población. Un 55,8% están fuera de la fuerza de trabajo, un 40,7% están ocupadas y un 3,5% están desempleadas.

Las mujeres son las que tienen mayor dificultad. Las razones detrás de esta exclusión son múltiples.

Fabiana, quien sufre una retinosis pigmentaria que limita su visión, cursó un diplomado en Liderazgo en Gestión e Inclusión Social avalado por la Organización de Estados Americanos (OEA) y otro como asistente administrativa. Además, integra la Unión Latinoamericana de Ciegos (ULAC), donde destaca en la Secretaría de Juventud. Nada de eso le ha bastado para obtener un empleo permanente y digno.

“He trabajado en producción, empaque y embalaje, pero siempre son trabajos temporales. En algunos casos, a las personas con discapacidad se les paga menos, no se les da seguro ni posibilidades de ascenso. Hay quienes solo nos contratan por beneficios fiscales o por quedar bien. Otros, lo hacen por lástima”, sentenció.

Foto: Isaac Villalta

Discriminación: el muro invisible

Fabiana también ha sido víctima de prejuicios en otros espacios. Participó en certámenes de belleza y fue electa Miss Belleza Filantrópica Costa Rica 2025-2026, pero eso no la salvó de la discriminación.

“En una ocasión me negaron participar en una pasarela remunerada. Me dijeron con desprecio: ‘No puedes participar por tu condición, no nos vamos a arriesgar’. Fue humillante y frustrante”, relató.

A pesar de existir desde 2010 una ley que exige reservar al menos el 5% de las plazas del sector público para personas con discapacidad, Fabiana señala que esa normativa se incumple sistemáticamente.

“Estoy en procesos con el Servicio Civil, tengo el perfil, pero aquí sigo, esperando. Parece que esa ley es solo un adorno. Y aunque la cumplieran, ese 5% es insuficiente”, señaló.

La pobreza tiene rostro de exclusión

La desigualdad comienza en la niñez. Solo el 28% de las personas con discapacidad logra completar la secundaria, lo que limita gravemente sus posibilidades de conseguir empleo y mejorar su calidad de vida.

Nicole Mésén, activista, resume la gravedad del problema: “Los principales retos están en el acceso al empleo digno, a la educación con los apoyos necesarios, a la vivienda y al transporte público. Más de la mitad de las personas con discapacidad viven en pobreza o pobreza extrema. Hay un problema sistemático”.

Las estadísticas lo confirman. Entre las razones por las que muchas personas con discapacidad no buscan empleo, el 35,3% lo atribuye a una condición de salud o enfermedad, el 27,5% a jubilación o pensión, y el resto a factores como edad, falta de oportunidades o resignación ante un sistema que les cierra las puertas.

Además, el 59,4% de este grupo ha sufrido algún tipo de violencia. Más de la mitad ha sido objeto de gritos, humillaciones o descalificaciones. El 29% ha recibido agresiones físicas y el 14,3% ha enfrentado violencia sexual. El 18,6% reportó haber sido discriminado, especialmente en espacios públicos como el transporte (46,2%) y en sus propios hogares (26,3%).

Faltan herramientas 

Para “Lucho” Flores, también miembro activo de la comunidad con discapacidad, el Estado debe asumir un rol más firme. “Hay retos en temas laborales, de acceso a la cultura y al deporte. El Estado tiene que generar herramientas reales para construir una sociedad accesible para todos”.

Fabiana concluyó con una reflexión que sintetiza el drama cotidiano:

“Hay cientos de limitaciones: infraestructura, accesibilidad, tecnologías, materiales de apoyo… pero lo más urgente es educar. Hay que romper los miedos. Aún se cree que no somos capaces de convivir ni aportar a la sociedad. Esos prejuicios solo se eliminan con educación y voluntad”.