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Más de 450 mil madres no trabajan por responsabilidades familiares o personales, lo que representa más del 50% de las que no forman parte de la fuerza laboral, según las estadísticas de la Encuesta Continua de Empleo.
El informe, realizado por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), detalla que 38 mil de estas mujeres están disponibles para laborar, aunque cuentan con limitaciones o se han cansado de buscar empleo.
“Existe una tendencia que emana de la cultura de la conformación de la familia en que las mujeres que son madres permanezcan en los hogares. Si bien es cierto que en las últimas décadas había una fuerte inserción esta población, también es cierto que cuando hay un periodo de maternidad, especialmente cuando los niños están pequeños o hay personas dependientes, las mujeres permanecen en los hogares”, señaló Leonela Artavia, investigadora del mercado laboral en la Universidad Nacional.
Este fenómeno se refleja en la tasa de no participación, que mide el porcentaje de personas que no están activamente involucradas en una actividad laboral. En mujeres sin hijos, este indicador es de 48,7%.
En contraste, cuando se tiene un hijo o hija menor de 5 años, la tasa sube a 51,1%. Sin embargo, la mayor reducción se da cuando los menores tienen entre 6 y 14 años e ingresan al sistema educativo, descendiendo a un 35%.
“Las madres están asumiendo un rol esencial para la sostenibilidad de la vida como lo es el trabajo de cuidado. Pero eso, por supuesto, tiene su manifestación y es que trabajan sin una remuneración”, agregó Artavia.
La investigadora enumeró diversas actividades, como labores de limpieza, preparación de alimentos y cuidado de hijos o adultos mayores que requieren compañía, asistencia y supervisión.
Dichas tareas recaen, por lo general, en las mujeres, independientemente de si cuentan con un trabajo remunerado o se dedican al hogar.
“Uno de los principales elementos es considerar la formalización de los puestos de trabajo para que las mujeres tengan mejores condiciones para al mercado laboral, pero además la existencia de una red de cuidado funcional que atienda a personas menores de edad, adultas mayores o con discapacidad”, resaltó Artavia.
Artavia también compartió su experiencia personal como mamá, en la que ha tenido que combinar sus labores profesionales con el cuido de un menor.
“En mi caso poder continuar con mi vida laboral ha partido primero por la colaboración y la conciliación, junto con mi esposo, para asumir esa responsabilidad. Muchas veces hay que hacer malabares para cumplir con el área de cuidado y cumplir con el trabajo”, comentó.
También indicó que ha experimentado un proceso de sensibilización en sus estudios sobre el mercado laboral, el cual ha estudiado por más de 10 años.
“La realidad para todas las mujeres no es igual y por tanto la necesidad desde mí quehacer de evidenciar lo que viven y la necesidad de transformar ciertas estructuras institucionales para que el derecho al cuidado sea una realidad”, indicó.
