Más allá del apellido Conejo

Hijo de Gabelo es referente en el baloncesto

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Llevar el apellido Conejo en Costa Rica inevitablemente genera atención, pero para Isaac Conejo ha sido más impulso que presión. Hijo del histórico exportero Luis Gabelo Conejo, de gran carrera y enorme participación en el Mundial Italia 90, reconoce ese legado como orgullo y aprendizaje. “Ser hijo de mi papá es un orgullo”, señala sobre una relación marcada por enseñanzas de disciplina, humildad y carácter. “Mi papá siempre me enseñó que el nombre se respeta trabajando”, filosofía que hoy traslada a su carrera.

Aunque creció rodeado de fútbol, fue el baloncesto el que terminó conquistándolo. La intensidad del juego, la lectura y la competitividad lo llevaron a encontrar su identidad en la duela. Desde entonces ha construido un proceso que hoy lo tiene como uno de los nombres jóvenes a seguir con el equipo ARBA, donde se ha destacado por energía, compromiso e intensidad en ambos costados de la cancha.

Su desarrollo también ha estado marcado por experiencias internacionales, incluida su participación representando a Costa Rica en El Salvador. “Competir afuera te exige otra mentalidad”, ha señalado sobre un roce que fortaleció su visión del juego y del nivel que demanda competir fuera del país.

Pero Isaac no solo piensa en su crecimiento personal. También tiene una lectura clara del baloncesto costarricense. Considera que talento sobra, pero hacen falta más procesos, respaldo y estructura para dar un salto. “Hay material, pero necesitamos creer más en el jugador nacional”, sostiene. Sobre la Selección Nacional mantiene la misma línea: “potencial existe, pero la clave está en continuidad, preparación y trabajo serio”.

Ponerse la camiseta

Para Conejo, vestir la camiseta de Costa Rica representa responsabilidad y orgullo. También una motivación extra para seguir creciendo. “El baloncesto tico tiene futuro, pero hay que empujarlo entre todos”, resume una visión que refleja compromiso con el juego.

Lejos de vivir bajo el peso de un apellido, Isaac busca honrarlo construyendo el suyo. “El apellido abre conversación, pero lo demás uno tiene que ganárselo”, señala Conejo.

Y en esa ruta parece tenerlo claro: honrar un legado para construir una historia propia y así dejar huella con su juego. Porque los apellidos pueden abrir puertas, pero son las acciones las que terminan haciendo historia.

Alejandra Chavarría Rodríguez – Colaboradora de Grupo Extra