Manual para el indeciso

Opinión

El 54% de los reclamos de los oficiales son por montos menores a ¢60 mil.

Lic. Andrei Meza Evans. Abogado

El panorama político nacional, como ha sido usual en las últimas dos o tres elecciones, es poco optimista debido a la baja calidad de la oferta electoral (sobre todo en diputaciones) y a la desazón política que ha generado el actual gobierno por sus formas de gobernar y comunicarse. Algunos partidos no solo pecan de ser malos, sino también de ser repetidos: caras viejas, las mismas consignas fallidas de siempre y discursos reciclados que ya no convencen a nadie.

Que se haya vuelto “normal” que una parte significativa de la población no tenga candidato definido a pocos días de las elecciones dice mucho —y nada bueno— sobre el estado de nuestra democracia.

Uno de los grandes problemas que influyen en esta situación de incertidumbre es que, ante este tipo de escenario, el voto termina siendo más emocional que razonado. Así fue como premiamos al que probablemente fue el peor gobierno de las últimas décadas con una reelección, pese a que ni siquiera sus propios dirigentes parecían esperarla cuando postularon a Carlos Alvarado, conscientes de que el pueblo castigaría la gestión anterior. El PAC no tenía nada sólido en el papel y, aunque Luis Guillermo Solís tampoco destacó por un buen gobierno, era una persona mucho más preparada que su sucesor.

Posteriormente vino la furia popular ante tanta ineficiencia, impericia y, por qué no decirlo, indecencia en el manejo de la educación y seguridad, de un grupo de personas que además representaron al único partido condenado por estafar al Estado. Todo lo malo que hizo el PAC terminó incubando el fenómeno Rodrigo Chaves y explica buena parte del apoyo que hoy recibe. Eso hay que entenderlo para no repetir la historia y volverla cíclica.

Entendiendo y recordando esta realidad, hay dos votos que pueden descartarse desde ya: el del continuismo —porque si usted hoy por hoy es indeciso es porque no se quiso subir a ese barco— y el del PAC, causa directa e indirecta de muchos de los males actuales. Volver a votar por el PAC es como volver con una expareja agresora solo porque la actual, también agresora, te pegaba más duro. Por más bonitas que sean comunicadas sus utopías, panfletos y mensajes, no dejan de ser puro esnobismo político; eso fue comprobado con ocho años consecutivos de gestión.

Luego vienen los extremos: el Frente Amplio y Fabricio. Progresismo radical con agendas ajenas a las prioridades nacionales, o conservadurismo evangelizado. Son opciones válidas para fortalecer la democracia desde la Asamblea Legislativa y representar esas visiones ideológicas, pero no necesariamente para liderar el Poder Ejecutivo. En todo caso, ese voto tendría más sentido en diputaciones.

Eliécer Feinzaig, por su parte, defraudó a los suyos. Cuatro años en la Asamblea Legislativa para el olvido, al igual que prácticamente todos los diputados de este cuatrienio. Sigue hablando de bajar quince impuestos como candidato presidencial, pese a que se trata de una propuesta eminentemente legislativa y tuvo cuatro años para impulsarla sin que lo viéramos intentarlo con verdadera convicción. ¿Qué credibilidad puede tener una promesa así?

Finalmente, quedan los dos partidos más importantes de la historia política costarricense, ahora con liderazgos nuevos que curiosamente no han sido respaldados de lleno por sus propias estructuras. De haberlo sido, probablemente estaríamos ante una historia distinta. Lo paradójico es que son, quizá, los mejores candidatos que han tenido desde la caída del bipartidismo.

Álvaro Ramos carga con el pecado de vestir el verde y blanco: un partido que ha causado mucho daño y al que buena parte de la ciudadanía aún le guarda resentimiento. Y aunque elegimos presidente, también elegimos estructura partidaria. Ahí hay demasiadas cosas que huelen mal, y queda la duda de si Ramos tiene el carácter necesario para hacerse respetar, pues suele proyectarse excesivamente pasivo. Además, sus propuestas suenan presidenciables, pero son medicina ya usadas en el paciente por décadas, que generaron deuda solucionada posteriormente con impuestos que pagamos todos. Ese elefante blanco que tenemos como aparto estatal es hijo directo de estas propuestas señoriales.

Y luego está Juan Carlos Hidalgo, colándose al final y presentándose como un rayo de luz por su elocuencia y un corte más liberal que el anterior, con una solidez partidaria igualmente robusta y tradicional, aunque un poco menos cuestionada. Pareciera ser el elegido de último minuto para dar una nueva gran sorpresa como ha sido la tónica en las últimas elecciones, sobre todo por que es de los pocos que podría robarle votos a los simpatizantes Chavistas en una hipotética segunda ronda por ser más potable en cuanto a propuestas; más equilibradas y libertarias.

Pase lo que pase, la responsabilidad siempre será nuestra. Gracias a Dios y a la libertad de la que gozamos.