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Se supone que los latinoamericanos somos muy dados a la magia, y que de eso es evidencia el realismo mágico. Pero es mentira. Tuvieron mucho más difusión en Anglosajonia El Señor de los Anillos de Tolkien, o Las Crónica de Narnia y That Hideous Strength de C.S. Lewis. Y los muchachos norteamericanos andaban buscando afanosamente al indio diablero mejicano Don Juan por el desierto de Sonora, lo que posiblemente era una creación de Carlos Castaneda. De modo que la necesidad de la magia se observaba mejor en Industralia.
Magia es lo que el mundo necesita más hoy en día, dominado como está por el materialismo que busca más y más riqueza; especialmente en Industralia. Nuestro mundo está de viaje tirado al materialismo de la riqueza, y el hombre necesita de la magia como alimento del alma. No para satisfacer su necesidad de superstición, sino como alimento del alma.
El populismo de los candidatos, todos de la élite, no lo ha descubierto todavía, pero lo va a descubrir: y se discutirán entonces en campaña política las necesidades del alma, en vez de discutirse solo las causas de la crisis.
Porque “no solo de pan vive el hombre”, y el mal de la época es creer que solo hay que hablar de dinero y del PIB.
La humanidad era más feliz cuando las religiones no se habían secularizado y satisfacían las necesidades del alma; aunque fuera porque no se podían satisfacer las del cuerpo. Éramos más felices cuando la muerte estaba más presente en la vida, y no se veía solo como una posibilidad muy remota.
Es en realidad para enfrentarnos con la muerte que necesitamos el alma. Porque la cesación de todo que propone el materialismo no necesita nada. Eso es lo que hacemos todos los días con el sueño. Son las necesidades del alma, cualquiera que estas sean, las que necesitan de valor.
La necesidad de dinero se tendrá que satisfacer repartiendo mejor la riqueza creada por todos pero concentrada por el 1% ; o el 11% si le metemos al funcionariado cómplice, como vemos aquí con el cementazo. Pero hay que meter al alma en la ecuación para balancearla, y eso ser consigue dedicándole mas atención a la magia.
Podemos esperar que la magia vaya a entrar en la política, porque la política es el negocio de todos: la polis somos todos.
Pero el cambio seguramente vendrá de la iglesia, si logra abandonar su apego secular, y el cambio es más fácil allí.