Madre policía sobrevive a balas, dificultades y a una vida sin tregua 

El día a día de Sara Ortiz

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A dos meses de pensionarse, esta oficial de la Fuerza Pública recuerda los momentos más duros de su carrera, el enfrentamiento en el que le dispararon 11 veces, y sobre todo, cómo logró sacar adelante a sus seis hijos mientras trabajaba y estudiaba.

Sara Ortiz Esquivel lleva 32 años en la Fuerza Pública y está a solo dos meses de pensionarse. Detrás del uniforme hay una historia de esfuerzo: Seis hijos, tres mujeres y tres hombres, además de 24 nietos y 13 bisnietos que hoy forman parte de su mayor orgullo. Sus hijos son Heiner Navarro, de 50 años de edad; Mario Navarro, de 47; Carolina Navarro, de 44; Geovany Navarro, de 42; Kimberly Navarro, de 38; y Fabiola Navarro, de 39.

“A todos los saqué adelante, trabajando, estudiando, y con el apoyo del Ministerio de Seguridad Pública”, contó.

Su llegada a la institución ocurrió en circunstancias difíciles. Después de que su esposo la dejó en la calle con sus hijos, encontró en la entonces Guardia Rural una oportunidad para salir adelante.

“Me casaron muy joven, muy, muy joven, hace más de 50 años. A los 15 años tuve mi primer hijo y no sabía nada de lo que era planificar, porque mi mamá no nos hablaba de eso; todo era un tabú. Después tuve seis hijos, y cuando el papá de ellos me echó a la calle con los chiquitos, gracias a Dios yo ya estaba trabajando. Una señora me dio un campito para que ellos durmieran y yo dormía en la delegación. Fue en ese momento cuando mi papá me ayudó a buscar una oportunidad de trabajo y así fue como llegué a la Guardia Rural”, explicó.

Al mismo tiempo que trabajaba, tuvo que aprender a criar sola a sus hijos, estudiar y cumplir con sus responsabilidades policiales.

“Yo llegaba de una guardia de noche, llegaba a lavar, a planchar uniformes, a cocinar, y si no, a dejarles todo en tacitas para que ellos hicieran arroz, y comieran arroz con atún y tomate. Porque no había otra forma”, recordó.

“Ya no puedo más”

Hubo momentos en los que las dificultades económicas y la responsabilidad de mantener a seis hijos estuvieron a punto de vencerla. Sara recuerda haber llegado a pensar que ya no podía continuar.

“Llegué a un momento en que yo dije: ‘Ya no puedo más’. Le pedí a Dios sabiduría, discernimiento. Y gracias a Dios, al otro día me levanté con otra mentalidad: ‘Tengo que seguir adelante, tengo que hacerlos profesionales, tengo que darles estudios, tengo que estudiar yo, tengo que subir más’”, relató.

Fue entonces cuando una psicóloga le hizo ver que debía seguir adelante. Aquellas palabras se convirtieron en un impulso para continuar estudiando y creciendo profesionalmente.

“Yo vivía como un robot, yo vivía robotizada. Yo no tenía tiempo para mí en nada. Hasta que ella me dijo: ‘Usted es una mujer joven, usted es una mujer inteligente, usted es una mujer que puede sacar más provecho todavía, de estudiar más, de ser más en el Ministerio’. Y eso me levantó mucho el ánimo”, contó.

Sara hizo caso. Estudió, tomó cursos y pasó por distintos departamentos de la Fuerza Pública, incluyendo programas preventivos en escuelas y colegios.

“Tal vez uno dice 50 palabras, pero con tres palabras que le queden, ya con eso uno rescata a mucha gente en estas charlas preventivas en los colegios, en las escuelas y en las comunidades”, explicó.

Una policía que también arriesgó la vida

Uno de los episodios que más marcó su carrera ocurrió cuando enfrentó a dos sujetos armados. Según recuerda, recibió 11 disparos, pero ninguno la alcanzó.

“Yo no pensé nunca en mi integridad. No pensé en mi familia. Yo lo que quería era detenerlos. Me mandaron 11 balazos, fueron los casquillos que se recogieron. De milagro no me pegó ninguno, ni uno me pegó”, recordó sobre aquella intervención.

La experiencia le valió un reconocimiento por honor y valor dentro del Ministerio de Seguridad Pública.

Pero incluso en los momentos de mayor peligro, la maternidad estaba presente. Después del enfrentamiento recibió una amenaza en la que le advirtieron que, si declaraba, podían atentar contra ella o sus hijos. La preocupación por ellos volvió a ser su principal temor.

“Yo fui muy atrevida trabajando, muy, muy atrevida. Fui de enfrentarme sin miedo a nada. El Ministerio de Seguridad Pública para eso nos prepara: para esas acciones que tenemos que enfrentar en el momento y para tener sabiduría para saber cómo hacerlo”, explicó.

Sara también enfrentó situaciones difíciles durante sus años de servicio: rescates, violencia contra menores, atención de comunidades vulnerables y hasta ayudarle a una madre a dar a luz en su patrulla. Pero uno de sus mayores orgullos fue reencontrarse con un joven al que había ayudado durante su trabajo preventivo. El muchacho se acercó años después convertido en profesional y le agradeció haberlo alejado de las drogas.

“Una vez estaba recorriendo Desamparados centro y me para un muchacho con saco, corbata y maletín. Me dice: ‘Doña Sara, ya soy licenciado’. Y después me dijo: ‘Gracias a usted que me sacó de las drogas’. Todas esas palabras lindas lo siguen a uno motivando”, dijo.

Ese tipo de encuentros le confirmaron que su trabajo iba mucho más allá del uniforme y las patrullas. Ahora con 63 años de vida, mientras se acerca su retiro, Sara no piensa quedarse en casa. Quiere continuar trabajando con las comunidades y ayudar desde otro lugar.

“No pienso estancarme en mi casa. Yo quiero dejar huella, pero una huella que de verdad se vea. De trabajo con la comunidad, de hablar con la municipalidad para arreglar una calle. Ya tal vez no con la potestad de oficial ni con el uniforme, sino como ciudadana”, afirmó.

Después de cuatro años enfrentando un proceso de cáncer, reconoce que hay días buenos y otros difíciles. Sin embargo, su familia la ve como la misma mujer que durante décadas encontró fuerzas para seguir.

“Ha sido un proceso muy duro, pero también ha significado mucha unión familiar, porque no es fácil. Ella es un ejemplo que admiramos, es una guerrera que siempre ha salido adelante y ahí sigue, luchando y siguiendo adelante. Lo que aprendí de mi mamá por haber sido policía fue a luchar siempre por lo que quieres, a no rendirte y a seguir adelante a pesar de las dificultades”, expresó su hija Kimberly.

Para Sara, ser madre y policía nunca fueron caminos separados. Ambos le enseñaron lo mismo: servir, proteger y no rendirse.

“En lo que es mi vida personal, me gustaría que me recordaran como un ser humano, con mucha calidad humana, como un ser humano que siempre quiso hacer el bien. ¿Qué tuve mis errores? Los tuve. Pero traté de enmendarlos. Y eso es lo bueno, reconocer los errores”.

“La honradez y el trabajo lo llevan a uno hasta el éxito”, es una de las enseñanzas que dejó a sus seis hijos y que hoy transmite también a sus nietos y bisnietos.