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Con tan solo 10 años de edad, Sofía Escalante Gutiérrez se sometió a un trasplante de médula ósea donado por su mamá, lo que le ayudó a vencer el cáncer que padecía.
La vida de Sofía transcurría como la de cualquier otro niño de su edad; familiares mencionan que su sonrisa es algo que la caracteriza como parte de su esencia y con la que lograba cautivar a quienes la conocían.
Sin embargo, en el 2014, después de que Sofía participara en una celebración del mundial de fútbol, su mamá Angélica Gutiérrez empezó a notar ciertos síntomas en su hija, como cansancio constante, por lo que decidió realizarle un examen de sangre, cuyo resultado salió alterado.
En el Hospital Nacional de Niños, Sofía fue diagnosticada con leucemia mieloide aguda (LMA); de acuerdo con el doctor Geiner Valverde, del Programa Institucional de Donación y Trasplantes, es un tipo de cáncer de la sangre y la médula ósea.
Quien la padece puede sentirse muy cansado, puede ser más susceptible a sufrir infecciones graves y presentar hematomas o hemorragias con facilidad.
Durante aproximadamente 9 meses, Sofía recibió quimioterapia; luego del procedimiento, los médicos le dijeron que los resultados fueron exitosos, por lo que decidieron celebrar con un viaje familiar; sin embargo, estando fuera del país, la menor empezó a sentirse mal y a tener fiebres altas. Al regresar al país, les comunicaron que la leucemia había regresado.
Los médicos les hablaron sobre el trasplante de médula como la única opción. Para el procedimiento, Angélica Gutiérrez, mamá, era la mejor candidata para ser la donante, ya que tenía un 50% de compatibilidad entre ambas.
El trasplante se realizó en el hospital San Juan de Dios, por una doctora que recién había llegado de Japón, precisamente de especializarse en este tipo de procedimientos.
“El proceso no fue fácil, hubo momentos de mucho miedo, incertidumbre, de mucho dolor, pero también hubo una experiencia y esa esperanza fue la que nos mantuvo fuertes durante todo este camino. También por la manera de ser de Sofi, tan positiva”, recordó Angélica.
Después del trasplante, la evolución de Sofía fue muy bien, según comentó su mamá, tanto que no requirió nuevas hospitalizaciones. Al día de hoy, los controles se mantienen, pero el trasplante continúa siendo un éxito.
Hoy, a sus 22 años, Sofía recuerda y ve de una manera muy sabia la experiencia de su enfermedad; agradece primeramente a Dios por ese proceso y luego a su mamá, quien le dio la vida en dos ocasiones.
“Creo que en la vida todo tiene un propósito que es perfecto; todos venimos al mundo con un plan, el cual debemos cumplir. En el momento quizá no lo vamos a comprender, pero con el tiempo nos damos cuenta y logramos darle un sentido a lo que nos pasa. Sé que no es fácil porque yo misma lo viví, pero con perseverancia y, sobre todo, fe, se puede lograr”, comentó Sofía.