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Entre las muchas cosas nuevas que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos trajo para iniciar el año 2018 en nuestro campechano y turístico país hay un elemento que le agradeceremos especialmente. Sus decisiones agitaron la más aburrida campaña política de nuestra historia reciente. No queríamos saber nada de estos señores ni de sus programas de gobierno. La formalidad de los debates no estimulaba nuestra imaginación. Y de repente la CIDDHH hizo lo imposible: señalarlos, dejarlos opinar de un tema en el que no se habían preparado tanto, por lo menos la mayoría de ellos. Desde entonces los candidatos, los periodistas, los políticos de avanzada o los más tradicionales, el vecino, la señora del mercado, el estudiante universitario, la profesora de filosofía, todos tienen algo que decir respecto de si es bueno o malo que las parejas gay o lesbianas se junten en matrimonio. Ha sido como un buen aguacero después de un día de calor agobiante. Todos tienen algo nuevo que decir. Y todos queremos saber lo que tienen que decir. Se oyeron los goznes del tiempo caminar, ¿muy Rulfo? Pues el acontecimiento lo amerita.
Por supuesto tenemos que hablar de las redes sociales y su libertad para comunicar lo que se piensa. Una vez que se ha tenido la experiencia de que se puede encontrar cualquier cosa en ellas y el conocimiento de que se deben leer con cuidado, el acontecimiento en cuestión no ha dejado a nadie indiferente. Eso está más que bien. Ha sido como hacer el jardín. Cortar la maleza, correr las piedras, sembrar plantas frescas, sacar lo que no nos gusta. Y dejar respirar. Poco a poco el jardín cobra forma y nos dice lo que hay que hacer. Y eso es más o menos lo que está ocurriendo gracias al elemento sorpresa que nos ha caído encima. Hay quienes quieren erradicar todas las flores del jardín y aquellos que lo inundan de ellas. Todo está bien. Lo cierto es que nadie ha permanecido indiferente. Lo que jamás habríamos creído de esta campaña que iba tan desinflada.
Los candidatos más jóvenes y liberales han apoyado la idea con entusiasmo. Los más comprometidos con la religiosidad tradicional la rechazan e incluso aseguran que debemos salirnos de la comisión de DDHH. Un par permanece hamletianamente dudoso y se enreda en sus propios cables. Todos tienen algo que decir. Al fin.
Por si tiene usted alguna duda, aunque si nos ha leído no lo creo, yo celebro la ocasión. No me gustaba eso de que Argentina, México, Uruguay y Australia se nos hayan ido por delante. Si algo así no nos gusta en fútbol, tampoco debe gustarnos en cuanto a conceptos nuevos. A mí me gusta este país cuando se ve que va para adelante. Como cuando usamos por primera vez la luz eléctrica y nos dio la gana iluminar San José de noche. Lo hicimos mucho tiempo antes que la mayoría de ciudades conocidas y ese orgullo no nos lo quita nadie. Casi siglo y medio después la luz nos cae otra vez, para vernos mejor unos a otros.