
Una encuesta de voto de urna en los EEUU demostró que los votantes entre 18 y 30 años votaron un 55% a favor de Hillary Clinton y sólo un 45% a Trump, pero fue un grupo generacional que participó mucho menos que la gente de mayor edad. Las personas blancas entre 40 y 60 años fueron los que le dieron el triunfo a Trump y ellos sí salieron a votar más. Muchos jóvenes se quedaron en la casa. Los que habían votado masivamente por Sanders en la elección primaria del Partido Demócrata se partieron en dos. Algunos salieron a las urnas, para la mayoría se abstuvo, ensimismada.
Igual sucedió en el Brexit. Los jóvenes cosmopolitas de Londres se quedaron en la casa, un poco medrando en su hedonismo urbano y en la creencia de que el tema no era con ellos. Grave error. Fue la generación entre 50 y 75 años los que sacaron a Inglaterra de la Unión Europea, mayormente votantes de las zonas rurales, y ellos sí fueron masivamente a votar. Y decidieron el futuro de los jóvenes, a quienes les esperan 40 o 50 años de vida, fuera de la UE, del multilateralismo y de la modernidad.
Los pocos votantes de 18 a 25 años optaron en un 65% por permanecer en la UE. Pero la mayoría se quedó en la casa. Ante la apatía de los millenials y su desinterés en la política, son las generaciones más viejas los que decidieron.
¿La segunda y la tercera edad decidiendo el futuro del planeta? Algo similar sucedió en el referéndum de Colombia. El abstencionismo fue enorme, de un 62%, pero los estudios demuestran que la mayoría de votantes de ese 38% que sí fue a las urnas a decidir el Plan de Paz eran personas mayores de 40 años, mientras la juventud colombiana en su gran mayoría se quedó impávida, como si no fuera con ellos. Los datos duros informan que en Colombia la juventud (y muchos otros sectores de la población) recelan del sistema político. Sin embargo, el problema se repite. La juventud colombiana tampoco sale a votar. Tampoco hace mucho por cambiar un sistema político e institucional en el cual no creen, pero con el que tendrán que vivir los próximos 50 años de su vida.
Allí está el problema con los “millenials”. Han decidido no participar en la política, pero la política día a día define su vida, y la compromete en sus próximas décadas. Por ejemplo, si Trump cumple con retirar a los EEUU del “Acuerdo de París” y de todos los compromisos en medio ambiente de la comunidad internacional, quienes sufrirán más serán las nuevas generaciones.
La NASA acaba de hacer público (31 de octubre, 2016) su informe sobre el deshielo del Polo Norte y de la Antártida y el panorama es aterrador.
El deshielo de la Antártida es prácticamente irreversible y su impacto sobre el nivel de los océanos y el futuro de la vida del planeta será devastador. https://www.nationalgeographic.es/noticias/medio-ambiente/calentamiento-global/alarmante-deshielo-en-groenlandia.
Los millenials son la generación de la abundancia, la que recibió un mundo hecho de las anteriores, pero esa ventaja de no haber sufrido guerras o las fracturas del crecimiento, la están transformando en pensamiento fragmentario (les interesan algunos temas puntuales, pero no la globalidad del sistema), y en ese pensamiento individualista se le puede estar escapando su futuro. Juventud, divino tesoro, decía el gran poeta… Un tesoro y un futuro que otros están hipotecando por su inacción y abulia.