Los males de la democracia…

Opinión

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Fernando Berrocal

Exministro de Seguridad Pública

El periódico Le Monde y El País, los dos periódicos más importantes de Francia y de España, han publicado reportajes periodísticos sobre la alarmante crisis de inseguridad ciudadana e ingobernabilidad de Costa Rica. También lo ha hecho el famoso New York Times, en los Estados Unidos.

Esta pésima imagen afecta directamente al turismo, pero igualmente al desarrollo económico y social integral de nuestro país.

Lo peor es que es cierto: atravesamos una gravísima crisis de inseguridad ciudadana y de gobernabilidad. Pero lo más grave es que la intolerancia política sustituyó al diálogo constructivo y democrático: el Poder Ejecutivo rompió, públicamente y en forma reiterada, el diálogo político y las relaciones con la Asamblea Legislativa y el Poder Judicial, así como con casi todos los sectores productivos privados y las organizaciones sindicalizadas de trabajadores.

Una situación histórica y política inédita.

¿“Los males de la democracia solo se arreglan con más democracia”, decía sabiamente Luis Alberto Monge, el Benemérito de la Patria que tuvo que enfrentar, hace 40 años, la peor crisis económica y social de Costa Rica, y quien hizo del diálogo patriótico, con amigos y adversarios políticos, dentro y fuera del partido político que lo llevó al gobierno, su mejor instrumento de negociación, después de que recibió su mandato popular sin un solo dólar en el Banco Central y un país quebrado económicamente y empobrecido.

En aquel entonces, en democracia, dialogando y negociando serenamente, se transformó el modelo de desarrollo, se generó empleo y nos abrimos a una economía de exportación y servicios… trabajando, produciendo, diversificando y exportando más a los mercados internacionales. Así salimos de aquella crisis.

Ahora estamos en una situación mejor: en el Banco Central hay US$15.000 millones en reservas. Pero Costa Rica necesita propuestas, soluciones viables y líderes que sepan escuchar y negociar, serena y democráticamente, los cambios y las reformas estructurales que necesitamos. Aceptémoslo: no estamos bien y se requieren cambios en el modelo de desarrollo económico y social, y una reforma funcional y operativa del Estado costarricense, incluyendo al Poder Judicial, así como enfrentar y combatir, integralmente y con estrategia, valentía, firmeza, presupuesto y cooperación internacional, la gravísima crisis de violencia criminal e inseguridad ciudadana.

O unimos al país y potenciamos las condiciones excepcionales de Costa Rica en el medio de las Américas, y hacemos esas reformas necesarias, o nos vamos a derrumbar como país, y eso sería una torpeza autodestructiva. Sobre todo, en estos tiempos complejos, en que la intolerancia también es ahora una nueva variable y un instrumento de poder en las relaciones internacionales.

¿Y usted qué opina?