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Como no puedo conversar y contar lo que siento, lo escribo. Once de la mañana en Costa Rica, observo en televisión Nacional de Chile cómo se quema mi país. Ha pasado una semana del combate al fuego. No se detiene, sigue ganando la batalla. Desde Costa Rica mi corazón no resiste debilitado emocionalmente, por dicha estoy solo. No me da vergüenza tener los ojos llenos de lágrimas. Llevo 42 años lejos de mi patria, pero sufro más que el estar allá, ayudando.
Primero fue mi Puerto querido. Ahora todo el Sur. Hoy el incendió llegó a Hualañe y al Lago Vichuquen, lugares donde en mi modesta infancia pasé semanas de vacaciones. Mi tía Adelina era directora de la Escuela Pública de Hualañe. Era de las pocas que podía invitar a sobrinos a veranear en su casa. También íbamos a Iloca, Duao Llico, Curepto.
Todo se quema, animales, bosque, casas, árboles, viñas. Hoy murió un bombero, días atrás, tres brigadistas de Conafe. Heridas, quemas, desastres. No hay infraestructura para la magnitud del desastre.
Para la guerra, sobran las armas, para matar no hay problema.
La derecha acusa al Gobierno de la presidenta Bachelet. A ella le han tocado terremotos, tsunamis, incendios, inundaciones, pero para los oportunistas, es la culpable. Una chilena en USA, al parecer esposa de uno de los dueños de Wallmart, se emociona y alquila en dos millones de dólares un gran avión cisterna llamado Supertanker, que puede almacenar y distribuir 123.000 litros de agua. No es la solución, pero ayuda, son más de 70 focos de incendio.
A la distancia le entregó mi admiración. No importa de donde venga el dinero, pero bienvenida la ayuda.
Con cariño para mis compatriotas que sufren.
*Editor y librero.