Los edificios centrales de AyA: Oda al buen gusto

De la mano del arquitecto Jorge Muñoz, de la Subgerencia Ambiente, Investigación y Desarrollo de AyA, fue erigido hace 15 años el conjunto de oficinas que integran las dependencias principales de la institución, en Pavas, en donde está la mayoría de quienes trabajaron en el edificio La Llacuna, en el centro de San José. Tal […]

De la mano del arquitecto Jorge Muñoz, de la Subgerencia Ambiente, Investigación y Desarrollo de AyA, fue erigido hace 15 años el conjunto de oficinas que integran las dependencias principales de la institución, en Pavas, en donde está la mayoría de quienes trabajaron en el edificio La Llacuna, en el centro de San José. Tal hecho significó el ahorro de millones de colones por el alquiler que se pagaba y un aumento en la calidad de vida de esa población laboral al evitar el estrés y la contaminación propias de esa ciudad.

No más llegar a un kilómetro al oeste de la Sabana, se levantan, imponentes, para propios y extraños, y recortados contra las montañas azules de Alajuelita y Escazú, esos edificios, que ya son emblemáticos dentro de las construcciones de la zona por sus peculiares y singulares características arquitectónicas, y que, desde mi punto de vista, no hay parangón. 

Es una lástima que las personas que venimos diariamente a aquí a cumplir con nuestro trabajo hayamos “rutinizado” la excelsa belleza que representan. Lo nuevo, lo innovador, lo diferente, despierta curiosidad y emoción, pero cuando se “ve” todos los días, se pierde el sentido y el valor conferidos al principio, transformándose en parte de las “cosas” cotidianas. 

Mutó ese sentimiento de satisfacción primigenia, a tal punto que el acceso, recorrido y salida de estos edificios, por años, casi que anuló la capacidad de asombro cautivante de los primeros “residentes” y de quienes ingresaron después.

Recuperemos la observación que antaño hicimos gala y agucemos, otra vez, la vista y la imaginación sobre lo “ofrecido” por ellos: ¿Sabe usted, o ya había olvidado, que los tres edificios centrales semejan una A, delante y atrás? ¿Que dentro de cada uno existen tamaños y estilos diferentes de esa letra? ¿Que la forma del diseño de la fuente ubicada en el medio, indistintamente de la posición que sea mirada, también es una A? ¿Que las “finalidades” de ella, con el agua brotando permanentemente, desde arriba y desde abajo, es hacernos recordar que este líquido se origina en la lluvia (el agua saliendo de la cúspide de esa obra), la cual se infiltra en el suelo de las colinas a través del bosque (el agua cayendo por sus costados), para terminar, surtiendo a los manantiales y ríos con los que se abastecen a comunidades de los cuatro puntos cardinales del país (el agua surgiendo de abajo y de los cuatro chorros)? ¿Ha podido ver que un ave continuamente se posa en la fuente para mojarse e hidratarse, y que simbólicamente podemos interpretar ese hecho como la imprescindibilidad del agua para todas las especies, incluida la humana? La misión de AyA está resumida en lo que acontece todos los días en esa fuente. 

¿Ha puesto atención a la brisa refrescante que proviene de los espacios entre los edificios cuando está sentado en alguna de las bancas alrededor de esa fuente? ¿Se ha detenido a escuchar el rumor del agua en esta, y a pensar cómo la sensación solaz lo envuelve? ¿O la flora en el interior y el exterior, constituida de árboles y vergeles, e incluida dentro del diseño del proyecto, contribuyendo a esa frescura y, por lo demás, a embelesarnos de ese frescor verde circundante? ¿Ha notado que el azul, el color oficial de la institución, adorna afuera y adentro, en un contraste armónico de tonalidades que van del lapislázuli a los más claros, creando la impresión de que se extienden a los ventanales? ¿Que el azul y el verde son los colores que nos prodigan tranquilidad y relajamiento y que ayudan a bajar la ansiedad, en especial si dejamos que la fuente nos “traslade” su paz? Parafraseando a mi papá que decía que la música “es una sensación agradable al oído”, puedo aseverar que la armonía arquitectónica es una sensación agradable a la vista.

Es hora de reaprender a mirar a las alturas, a los lados y al frente para que redescubramos estas construcciones inéditas; de volver a disfrutar de las terrazas y rellanos dispuestos en éstas para descansar de las tensiones propias del trabajo y reafirmar la comunicación social mediante las tertulias; de que nuestra vista se solace con los azulados cerros de Alajuelita y Escazú (paisajísticamente incorporados en el proyecto constructivo), que, coincidentemente, tienen forma de A. “Alfabeticémonos”, de nuevo, con el asombro inicial que nos hizo interiorizar el “mensaje” que este espacio arquitectónico, armónico y proporcional, nos ha regalado durante tres lustros. ¡Albricias, don Jorge Muñoz!

 

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