Los drogadictos y los narcotraficantes

Los adictos son fácilmente reconocibles, a veces muestran palidez, movimientos raros, tics, descomposiciones, movimientos de las manos, dificultad para hablar, ojos “encendidos” o brillantes, rabietas, violencia, somnolencia, sudoración, etc. Generalmente mantienen o necesitan dosis de adicción.  

Los adictos son fácilmente reconocibles, a veces muestran palidez, movimientos raros, tics, descomposiciones, movimientos de las manos, dificultad para hablar, ojos “encendidos” o brillantes, rabietas, violencia, somnolencia, sudoración, etc. Generalmente mantienen o necesitan dosis de adicción.

Cada día su salud se deteriora. El cerebro es el más perjudicado; las neuronas irán muriendo y el adicto empezará a sufrir. Mostrará flacidez en brazos, piernas; menor calidad de visión, descoordinación de ideas y enredos mentales. Pasará fácilmente de estados mentales normales a estados de violencia.

Robará lo primero que encuentre para satisfacer su adicción; se convertirá en una persona peligrosa y será capaz de arremeter contra sus seres queridos y contra cualquiera. Hará sufrir a toda su familia. Se convertirá en una persona desvalorizada. Terminará en un hospital especial, en la cárcel o en el cementerio.

Los narcos se llenan de felicidad al saber de su enorme clientela que tienen, desde niños hasta jóvenes y adultos mayores; son seres “felices” pero también, aunque puedan darse todo tipo de gustos, su vida depende de un hilo; su misión en la tierra la cumplen a cabalidad, que consiste en producir muerte, desgracia, enfermedades y todo lo malo. En fin, los narcos producen oscuridad.

Han logrado que los adictos caminen en fila india para adquirir la droga y en ella la muerte. Sus pasos son lentos y su mente también, sin percatarse que les espera terrible oscuridad. A los narcos les importa un pito si están destruyendo cerebros de seres humanos. Los narcos son seres invisibles, que pueden ser profesionales, comerciantes, empresarios, industriales o funcionarios de alguno de los poderes de la República; no se ven como malditos sino como “señores”, que en caso de ser tomados infraganti no sufren ninguna preocupación, no corren ningún riesgo porque son seres invisibles.

Los padres de familia deben actuar con la mayor responsabilidad, con patrones de disciplina, con ternura, con sabiduría; rigor y amor. Entender las líneas de manipulación y mentiras que generalmente hacen los hijos y luchar para que caminen por el camino recto, que los llevará al éxito. Los padres se sentirán orgullosos de tener hijos buenos y los hijos sentirán orgullo de sus padres.

Se espera que los docentes observen, asesoren a sus alumnos y les ayuden para que nunca caigan en el uso de las drogas. Mucha vigilancia y muchas actuaciones inteligentes. Se trata, en fin, de salvar niños y adolescentes de la gran desgracia de entrar para no salir del mundo de las drogas. 

Docentes y padres de familia, estén vigilantes y siempre preparados para combatir, de la mejor forma, a este mal, que está presente aquí y allá, que busca entorpecer la vida sana de nuestros niños y adolescentes y atenta contra las futuras generaciones. Padres de familia y docentes, sean guardianes angelicales de sus hijos y de sus alumnos, es una enorme tarea; pero hoy el Goliat es más grande y más deforme. Las drogas y los narcos tienen mucho poder. El David salvador debe estar presente siempre.

 

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