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Claro está que cualquier discurso agresivo daña a nuestra democracia, no importa de dónde proceda o provenga, ya que esto incide negativamente en nuestra sociedad, y máxime cuando proviene de figuras públicas importantes con poder en sus cargos, es ahí justamente donde el lenguaje tiene poder, no solo en las palabras vertidas sino también en la gesticulación o pose corporal de lo dicho, no es lo que dice, sino cómo se dijo.
Ese tipo de acciones con las palabras dichas y muchas veces con contenido sarcástico son en la mayoría de los casos y muchas veces respuestas a actos de provocación e intimidación, a las sistemáticos y disimulados, constantes mensajes de provocación hacia el señor Presidente, pero más allá de eso, no es la causa lo que importa, sino el efecto que produce, lo que hace que el lenguaje utilizado traiga efectos negativos para todos.
Recientemente se critica mucho, muchísimo, al Presidente de la República por lo disruptivo en ese estilo, y por la forma contestataria de su lenguaje, pero sin querer defender al Presidente, que no lo necesita, hay que señalar también que eso mismo se usa en contra de él, y es también una agresión constante del uso de un lenguaje provocativo en su contra, que hace que en igual proporción el señor Presidente tenga que responder usando ese mecanismo, para ejercer su defensa, igual aplica tanto a emisor como a quien recibe su mensaje.
Cierto es que la agresión verbal, también llamada abuso verbal, es un tipo de violencia que se caracteriza porque pretende hacer daño a otra persona con un mensaje o un discurso hiriente, pero debemos ser objetivos y aplicar lo mismo para ambas partes y no solo para una, con lo dicho no justifico de ninguna manera este estilo.
La agresividad verbal, que obviamente es una forma de violencia psicológica, y el modo más común del maltrato emocional, de abuso más disimulado, y aceptado por la sociedad.
Es un hecho que la palabra negativa vertida denigra y tiene un sentido subjetivo, y es ese mismo elemento lo que hace que tenga poder, el uso habitual del insulto lo hace parecer normal, y es eso precisamente lo que lo hace sumamente peligroso no importa de dónde provenga o quién lo haga.
*Abogado, Politólogo, Historiador, Exdiplomático