
Los desastres no son naturales, lo que existe son condiciones que propician la afectación de los asentamientos humanos, la producción y la infraestructura ante las amenazas naturales generadoras de emergencias.
Es así como Costa Rica se encuentra en una región de grandes contrastes topográficos, geológicos y climáticos, que la hace acreedora de bellezas naturales reconocidas internacionalmente, pero que también la convierten en un escenario constante de incidentes de origen natural que afectan de una u otra forma el equilibrio de nuestra sociedad.
Entre la variabilidad de amenazas de origen natural que frecuentemente afectan el país, nunca habíamos experimentado el impacto directo de un huracán en territorio nacional.
Los antecedentes más cercanos nos refieren a huracanes que causaron afectaciones de modo indirecto como Joan en 1988, César en 1996 o Mitch en 1998.
Otto dejó tras su paso una huella de dolor y destrucción, pero también permitió que se visibilizaran dos valores fundamentales del ser costarricense: a) la resiliencia -capacidad de vencer la adversidad, o la adaptación y transformación ante los cambios-, y b) la solidaridad, manifestada en el trabajo heroico de funcionarios institucionales, innumerables voluntarios, organizaciones de la sociedad civil y la empresa privada, quienes acudieron al auxilio de nuestras poblaciones.
Este huracán puso a prueba no solo la estructura operativa de respuesta de nuestro país, sino que también evidenció el compromiso nacional en el cumplimiento de las normativas internacionales en materia de prevención de desastres, proceso que inicia en 1989 con la aprobación por parte de la Asamblea General de las Naciones Unidas del Decenio Internacional para la Reducción de los Desastres, pasando por el “Marco de Acción de Yokohama para un Mundo más Seguro” en 1994 y el “Marco de Acción de Hyogo” en el año 2005.
Durante la Tercera Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre la Reducción del Riesgo de Desastres, celebrada en Sendai (Miyagi, Japón), fue aprobado el Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015-2030; es en el contexto de este marco normativo internacional que se establece como parte de sus principios rectores la fase de recuperación, rehabilitación y reconstrucción como fundamental para la prevención, mediante el principio de “reconstruir mejor” e incrementar la educación y la sensibilización pública sobre el riesgo de desastres; es entonces, en este punto, donde estamos trabajando.
Es necesario comprender que, si bien es cierto, los desastres tienen una connotación negativa, estos se transforman en oportunidades de desarrollo siempre y cuando los procesos de recuperación se desarrollen incorporando los elementos científicos y normativos que se elaboran desde la perspectiva de la gestión del riesgo.
Es así que las acciones para restaurar la infraestructura a causa de los daños generados por el paso de Otto están determinadas por un marco de recuperación, en el cual se han planteado intervenciones con un abordaje integral de corto, mediano y largo plazo.
Dentro de esta línea de intervención, la Comisión Nacional de Prevención de Riesgos y Atención de Emergencias (CNE) ha invertido más de dos mil millones de colones financiados por los costarricenses, en acciones de distribución de asistencia humanitaria, rehabilitación de caminos, intervención de cauces de ríos y atención de productores agropecuarios en los cantones afectados, acciones que se continuarán realizando el tiempo necesario.
La CNE como institución pública rectora en lo referente a la coordinación de las labores preventivas de situaciones de riesgo inminente, de mitigación y de respuesta a situaciones de emergencia, mantuvo y mantiene una estrecha coordinación con las instituciones del Sistema Nacional de Gestión del Riesgo, en la evaluación y ejecución de acciones para la recuperación de las comunidades afectadas y, además, en trabajo conjunto con las municipalidades de los territorios afectados.
El Plan General de Emergencia ante los efectos del paso del huracán Otto tiene una vigencia de cinco años.
En este documento de planificación de las acciones y obras para la reconstrucción de las zonas afectadas, se dispone de importantes proyectos en infraestructura vial, fluvial, acueductos, recuperación productiva, ambiental y vivienda.
Además, los equipos técnico-científicos de la CNE han apoyado a las municipalidades con la realización de estudios que servirán como importante insumo para dirigir la inversión pública y la elaboración de planes reguladores en los cantones afectados por el huracán, elementos fundamentales para generar un adecuado ordenamiento territorial; el cual se evidenció que tiene debilidades en algunos lugares e incluso existía resistencia de algunos de los actores municipales.
Como Gobierno nos hemos comprometido con la transparencia, la ética, la excelencia con sentido humanitario; por ello, garantizamos a los costarricenses la claridad en la ejecución de los recursos que serán utilizados para la fase de recuperación de las comunidades impactadas por este fenómeno meteorológico, único en la historia de Costa Rica.
*Presidente de la Comisión Nacional de Prevención de Riesgos y Atención de Emergencias (CNE)