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Me refiero a los comienzos de la predicación de Jesús que arranca en las aldeas que se alzan en torno al mar de Galilea. El Padre Larrañaga describe así el primer escenario de la misión apostólica de Jesús: “Después de avanzar algunas leguas, extendió su mirada, y un círculo de montañas onduladas y verdes se ofreció a sus ojos. El espectáculo acreció el gozo de su alma. Allá arriba, sobre una colina, resplandecía al sol la aldea que habría de permanecer irreductible al mensaje de Jesús: Corozaín. Al otro lado, en la parte opuesta del lago, y recostada sobre sus aguas, podía distinguirse claramente Geraza. Más adelante, también arrimada al lago, y entre brumas, se podía divisar Betsaida. Al fondo, Kafarnaún. De este lado, Magdala. También a la orilla del lago, Herodes Antipas acababa de erigir la moderna y suntuosa ciudad de Tiberíades, en honor del emperador Tiberio, pero no hay constancia en los Evangelios de que Jesús hubiera pisado el empedrado de sus calles”.
No hay que olvidar que Jesús es un maestro itinerante que va de un sitio a otro, de aldea en aldea, y lo hace por unos dos años en torno al lago, aunque también por otros puntos de Galilea. Los entendidos notan que, al principio, lo hace solo, sin sus discípulos.
Dejemos que el mismo Padre Larrañaga nos pinte parte del agraciado paisaje de la región: “Continuó el Pobre caminando entre olivos, higueras, almendros y palmeras. Abundaban también por aquellos parajes los pinos de poca alzada. Y, de pronto, erecto como una espada, emergía algún ciprés, que parecía incrustarse en el azul. De cuando en cuando, en la mañana calurosa, Jesús descansaba a la sombra de un árbol”.
Y volviendo a las gentes, hay que observar que muchos habitantes habían subido a Jerusalén con motivo de la Pascua, y acaban de regresar. En la ciudad santa pudieron advertir el poder en hechos y palabras de su coterráneo, lo que les llenó de orgullo, noticia que había corrido de boca en boca. Todo ello, por otro lado, constituye a la buena acogida que le dan los galileos.
¿Qué dice Jesús en sus primeras apariciones? Les informa de que se ha cumplido el tiempo de anunciar el inmediato advenimiento al Reino de Dios, y él les invita a entrar en él como los primeros llamados a hacerlo. Para ello hay que cambiar de pensamiento, es decir, hay que cambiar la mente y el corazón para que cambie la vida. Jesús viene a hacerlo todo nuevo. Y esto de modo gratuito e inmerecido. Es cosa de recibir simplemente como la luz, el aire, la semilla… Y lo que se recibe es para darlo, a su vez. Todo queda en familia, pues Dios es nuestro Padre, y nosotros todos hermanos.
Así, pues, Jesús aparece ante los ojos de los galileos como un joven profeta, pero que impresiona por la novedad de lo que afirma.
Jesús, maestro itinerante, predica en cualquier tiempo y lugar que se le ofrezca, pero lo hace más habitualmente en las sinagogas. ¿Pero qué eran las sinagogas? Su origen entre los judíos es desde antiguo, antes del exilio, el mismo lugar para escuchar la palabra y orar los judíos en el templo de Jerusalén. Ya en el exilia, lejos de Jerusalén y el templo, los desterrados se reúnen bajo los sauces de Babilonia, en un principio simplemente para encontrarse y evocar la patria común.
Poco a poco en esas reuniones o asambleas (que eso quiere decir sinagoga) comienzan a cantar canciones de la tierra lejana. Y aquí nace la idea de construir edificios con ese fin. Más tarde, además del canto, se introduce lo que será definitivo: la escucha y explicación de la palabra, y la oración.
En tiempos de Jesús en cada aldea, por más insignificante que fuera, había alguna sinagoga.
Los entendidos explican que, en términos arquitectónicos se trataba de un recinto rectangular orientado hacia Jerusalén capital sagrada de la fe hebrea. Las sinagogas permanecían cerradas, menos sábados y días de fiesta.
Esto explicado, hay que insistir en que Jesús se presentaba a predicar allí donde un grupo se reunía espontáneamente: plazas y mercados vecinales, grandes y pequeñas cimas a orillas del lago. Sus oyentes, en un principio eran exclusivamente agricultores, artesanos y pescadores.
Volveré sobre el tema de la sinagoga en un próximo escrito, Dios mediante.