“Lo vale todo”: La faceta como mamá de periodista deportiva Adriana Rivera

"Mi vida se divide en antes y después de Luciana", asegura

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La periodista deportiva Adriana Rivera lo describe directo: ser mamá lo vale absolutamente todo.

Rivera comparte su pasión por los micrófonos deportivos con la pequeña Luciana, su hija que le cambió la vida y que un día llegó a decirle: “eres mi superhéroe”.

Pero antes de eso, fue otra. Una adolescente que levantaba la mano en los actos cívicos cuando nadie quería. Una muchacha a la que los profesores le decían con seguridad: “usted tiene facilidad de palabra, debería estudiar periodismo”. Y ella, tan segura de que no, se reía. Decía que quería otra cosa, sin saber exactamente qué.

Pasaron ferias vocacionales, pruebas de aptitud y muchas dudas. Pero en todos los exámenes la palabra que se repetía era una sola: comunicación.

Así que decidió hacerle caso a las señales, aunque fuera con reservas. Eligió periodismo, pero con un asterisco: “solo si es deportivo”.

Lo suyo era el deporte y Adriana siempre lo tuvo muy claro. 

A pesar de que todo parecía caminar bien, “hubo un tiempo en que estuve muy alejada de mi rama profesional”.

“Trabajé en cosas completamente distintas a mi carrera”, cuenta Adriana. Tiempo después se reencontraría con su carrera.

“Dios sabía que este era mi camino. Me empezó a acercar otra vez a la comunicación. Y yo le dije sí a los retos… aunque han sido bastante grandes”.

Ese reencuentro ocurrió en San Carlos, su tierra, donde una oportunidad la volvió a poner frente a una cámara como la periodista de deportes del canal regional.

Fue ahí donde se dijo, por primera vez, en voz alta: “Adriana, todavía te falta muchísimo por crecer… pero lo estás logrando”.

Llega Luciana a su vida

El verdadero punto de inflexión se llama Luciana, y llegó cuando Adriana tenía 27 años y una vida con muchos planes.

Luciana no solo le cambió los horarios, le cambió la forma de ver el mundo.

“Yo me fui para San Carlos, donde mis papás. Necesitaba el acompañamiento de mi familia, estaba embarazada… me hice súper pega de mi mamá”, explicó Rivera. “Eso me hizo entender, valorar, querer”.

Conforme Luciana fue creciendo, la dinámica de vida de Adriana cambió con ella.

Salir del trabajo, llegar a estudiar con ella, preparar meriendas, repasar exámenes, cocinar para el día siguiente.

Ser mamá soltera, periodista, mujer, todo al mismo tiempo, sin manual de instrucciones ni red de descanso. Aun así, Adriana afirma:

“Ella me hizo crecer como persona y como profesional. No sabe el motor que es para mí”.

Nueva motivación

“Muchas amistades quedaron atrás, muchas cosas cambiaron. Yo siempre decía que no quería ser mamá, pero cuando ella llegó, yo dije: Yo quiero que ella tenga en mí un modelo a seguir, un patrón de fortaleza, de superación, de esfuerzo, de entrega, y que ella vea en mí una superhéroe”, comenta Adriana.

Sin embargo, en palabras de Adriana, todo valió la pena, porque lo que antes pensó como un obstáculo, hoy lo nombra con otra palabra: bendición.

Su bendición

Hay días donde la maternidad le exige más que cualquier cobertura deportiva. Y aun así, no se queja. Se reconoce fuerte. Se reconoce capaz: “Una saca de sí una cara que no conocía. Se vuelve fuerte. Se vuelve mamá”, afirma. 

“Uno aprende solo, y una saca mucho la casta de mamá, de guerrera, de mujeres como somos. A veces no hace falta tener a otra persona que esté ahí en algunas cosas… pero yo creo que, al final del día, sí se puede hacer todo solita”, afirma con seguridad. 

¿Qué significa ser mamá?

Adriana lo piensa unos segundos.

“Amor, dedicación, entrega. Es algo que no se puede explicar. A veces una quiere ‘matar’ a los hijos —bromea—, sobre todo cuando son una mini-mí, como la mía. Pero en la noche, cuando la abrazo y le lleno la cara de besos… eso vale todo. Absolutamente todo”, concluye Adriana.