
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmó que conversó con el mandatario de la FIFA, Gianni Infantino, tras la expulsión de Folarin Balogun en el partido ante Bosnia y Herzegovina por los dieciseisavos de final del Mundial 2026.
Mediante una conferencia de prensa en el Despacho Oval, el estadounidense aseguró que nunca exigió un cambio de decisión, sino únicamente una revisión de la jugada. “Lo único que hice fue pedir una revisión. No dije: ‘Tienen que hacer esto’. No creía que fuera una falta”, afirmó.
Trump describió la acción como un choque accidental entre dos jugadores que disputaban el balón y también cuestionó el trabajo del árbitro, Raphael Claus. “Vi la jugada. No era ni falta… ese árbitro es sospechoso si miran su pasado”, señaló.
La respuesta de FIFA
Horas después, la Comisión Disciplinaria de la FIFA modificó la sanción contra el atacante norteamericano y estuvo presente en el duelo ante Bélgica.
A su vez, la UEFA publicó un comunicado calificando la resolución como “insólita, incomprensible e injustificable” e indicó que se había cruzado “una línea roja” al afectar las reglas del torneo.
Cuando la política
entró a la cancha
No es la primera vez que este tema marca una Copa del Mundo. En 1934, el dictador italiano, Benito Mussolini, utilizó el certamen para fortalecer el régimen fascista y años después varios árbitros fueron cuestionados por favorecer a la ‘Azurra’, la cual sería la campeona de esa edición.
En 1938 y un año antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial, Mussolini volvió a intervenir, pero ahora, amenazando a los jugadores de muerte si no salían como vencedores.
Durante Argentina 1978, la goleada 6-0 sobre de la anfitriona ante Perú quedó rodeada de sospechas por presuntos acuerdos entre la dictadura local para hacer que su equipo avanzara a la final ante Países Bajos.
En España 1982, el jeque Fahad al-Ahmed irrumpió en el terreno de juego para reclamar un gol en el juego Francia-Kuwait, provocando que el árbitro anulara la anotación de los galos.
Ahora, el caso de Donald Trump vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre hasta dónde puede llegar la influencia política en el fútbol.