Listas para trasplantes podrían alargarse

      CITA: “quien se somete a una operación de estas sabe que es toda una lotería porque no hay manera de saber cómo le irá, no puede conocerse al 100% si la compatibilidad de ese órgano que le pongan será la ideal o cómo reaccionará el cuerpo ante este nuevo integrante en su […]

 

 

 

CITA: “quien se somete a una operación de estas sabe que es toda una lotería porque no hay manera de saber cómo le irá, no puede conocerse al 100% si la compatibilidad de ese órgano que le pongan será la ideal o cómo reaccionará el cuerpo ante este nuevo integrante en su organismo”.
Quizá pocas familias en el país saben lo que significa que uno de sus miembros requiera un trasplante, tal vez algunos lo más cercano que han visto un caso de estos es en películas y telenovelas, sin embargo, no podemos pasar por alto que cerrar el servicio en alguno de los hospitales del país podría generar que se alarguen las listas de espera y, peor aún, acortar la esperanza de vida de algunas personas.
Este tema lo estamos tratando ante la preocupación de algunos asegurados por el escenario del cierre del programa de trasplantes del Hospital México, pues la actual Ministra de Salud consideró que los estándares de supervivencia resultan mucho menores de los que existen a nivel internacional y en otros centros médicos como el Calderón Guardia.
El problema es que quien espera un trasplante quizá no piensa en este tipo de cosas sino en lograr sobrevivir a la enfermedad que los aqueja, muchos ven esa intervención quirúrgica como la única forma de superar su padecimiento y tener un nuevo órgano que les permita llevar una vida normal.
Sin lugar a dudas, quien se somete a una operación de estas sabe que es toda una lotería porque no hay manera de saber cómo le irá, no puede conocerse al 100% si la compatibilidad de ese órgano que le pongan será la ideal o cómo reaccionará el cuerpo ante este nuevo integrante en su organismo, además se exponen a agarrar alguna infección y no sabrán cómo terminarán.
Pero debe quedar claro que a los pacientes les preocupa algo más que el cierre, también les quita el sueño la falta de información que han obtenido hasta el momento y que los puede llevar a tomar decisiones desesperadas, ya que no conocen cómo será el acceso a la intervención ni mucho menos cómo será la atención de quienes ya se sometieron al procedimiento.
Cuando ocurren este tipo de escenarios, también hay que pensar en los más escabrosos y es que precisamente ante la desesperación de algunas personas empiezan a operar mentes malignas y gente inescrupulosa que jugarán con la necesidad de otros para hacerse de dinero.
Y es que no sería la primera vez que se dé un caso de tráfico de órganos, como aquel que alarmó a la opinión pública, y en el que estuvieron involucrados varios funcionarios, posiblemente cegados por una obsesión con el dinero.
Lo más preocupante es que quienes se prestaron para este delito eran renombrados profesionales de la medicina, que se supone están para curar y no para lucrar con la desesperación de los enfermos y de aquellos urgidos de plata hasta el punto de aceptar vender uno de sus órganos.
Posiblemente 12 años de prisión no es un castigo comparable con el daño que hicieron, sin embargo, esta fue la sentencia en un juicio que se realizó por varios meses y a como es la justicia en nuestra querida Costa Rica quién sabe si algunos de los culpables no andarán ya sueltos en este momento, como si no hubieran cometido ningún delito.
Tras ser testigos de este tipo de situaciones, se entiende la importancia de la donación de órganos, ese aporte de un granito de arena para que una familia no pierda a un ser querido.
Y es que, aun cuando muchos piensen lo contario, los donadores no abundan. Además, para hacer una intervención de esta naturaleza no se trata de aceptar al primer donador que se ofrezca, pues se deben hacer exámenes para determinar compatibilidades. En este proceso, a veces unas horas hacen la diferencia entre la vida y la muerte.
Incluso en algunos casos, aunque los familiares tengan toda la disposición de colaborar resulta que no son compatibles. Por ello muchos se ven obligados a buscar a alguien ajeno a la familia o un donante cadavérico, según sea el caso.
Si lo analizamos con la cabeza fría, nada nos cuesta aceptar ser incluidos en una lista de donantes para que, en caso de una muerte accidental, nuestros órganos puedan alargar la vida de aquellos que los necesiten.
Solo basta darlo a conocer a nuestros familiares para que dispongan de ellos una vez que fallezcamos o apuntarnos en las listas que tienen los hospitales.
Los pacientes ocupan claridad y los únicos que pueden hacer esto posible son las autoridades, someter a estas personas a grandes periodos de estrés no beneficia a nadie. Esperemos que se tomen las medidas adecuadas, siempre con la mano en el corazón y mucha sabiduría