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El distanciamiento sexual es muy frecuente en nuestra sociedad, sea que él no quiere o ella no quiera. Al respecto Fisher, prominente investigador canadiense, describe que, si una persona mantiene, por ejemplo, cuatro relaciones por semana; cuando disminuye su frecuencia a una o menos, inmediatamente siente un aumento en el deseo sexual que lo insta a la intimidad. Pero si el individuo, se mantiene con esa baja frecuencia por un largo periodo, entonces el deseo disminuye y el cuerpo no le pide más acercamientos sexuales. Lo contrario también es cierto. Cuando una persona tiene una frecuencia dada, dos relaciones por semana y por diversas circunstancias aumenta a siete por semana; inmediatamente siente una saciedad sexual. Sin embargo, si continúa con esa frecuencia, el cuerpo no solo se adapta, sino que hasta le pide más relaciones.
Así, entre más relaciones sexuales mantenga una pareja, con el tiempo, más relaciones sexuales le pedirá su cuerpo. Mientras menos relaciones sexuales se sucedan, el cuerpo pedirá cada vez menos, hasta el punto de llegar a abolirse el deseo sexual.
Esto explica por qué cuando no se tienen relaciones sexuales, sea por una enfermedad, un accidente, el embarazo, separaciones, divorcios o conflictos de pareja, sin son de larga data, al inicio hay un aumento en el deseo, pero si no se tienen relaciones con el tiempo se experimenta una auténtica apatía sexual. En esas circunstancias el cuerpo no pide, no requiere, no exige ni demanda la vida sexual. Cuando las condiciones que provocaron ese distanciamiento han sido superadas, las parejas se dan cuenta que hay un gran deterioro en su vida íntima. La sexualidad deja de figurar entre sus apetitos y muchas veces se mantiene una vida de pareja “como entre hermanos”. Hay una enorme compatibilidad en el cada día, pero no hay una necesidad del acercamiento sexual. La cotidianidad se vive de tal forma que se comparten actividades familiares, paseos con los hijos, visitas a los abuelos, pero no la esfera sexual y a veces tampoco la sentimental, poniendo en peligro la estabilidad de la pareja. La buena noticia es que hoy contamos con diversos tratamientos que actúan tanto en la esfera sexual, como en el área emocional, con los cuales las parejas logran reestablecer su vida íntima.