
Erick Briones Briones
Doctor y Profesor en Derecho Laboral Colegio de Abogados y Abogadas de Costa Rica
La primera encíclica del Papa León XIV, Magnifica Humanitas, publicada el 15 de mayo de 2026, nos invita a reflexionar sobre uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo: el impacto del desarrollo tecnológico (inteligencia artificial) en el mundo del trabajo.
La humanidad vive una transformación tecnológica sin precedentes. La inteligencia artificial, la automatización y la robótica están modificando la forma de producir, trabajar y de relacionarnos. Aunque estos avances prometen mayor eficiencia y productividad, también generan incertidumbre sobre el futuro del empleo (sobre todo en las labores que son reiterativas, de producción) y la protección de la dignidad humana.
La encíclica recuerda que el verdadero progreso solo existe cuando la tecnología está al servicio de las personas. De poco serviría desarrollar sistemas cada vez más sofisticados si estos terminan desplazando a los trabajadores o aumentando las exigencias laborales sin mejorar la calidad de vida.
El trabajo no es únicamente una fuente de ingresos. Es también un medio de realización personal, integración social y contribución al bien común. Por ello, cualquier innovación tecnológica debe evaluarse no solo por sus beneficios económicos, sino también por sus efectos sobre quienes trabajan.
Uno de los mayores retos de la llamada Cuarta Revolución Industrial está siendo precisamente la sustitución de empleos rutinarios por sistemas automatizados. Sin embargo, la solución no consiste en rechazar la tecnología, sino en utilizarla para liberar a las personas de tareas repetitivas, peligrosas o agotadoras, permitiéndoles dedicar más tiempo a la capacitación, la creatividad y la vida familiar.
Asimismo, las nuevas formas de empleo digital exigen revisar los mecanismos tradicionales de protección laboral. Los trabajadores de plataformas, teletrabajadores y colaboradores independientes requieren respuestas modernas que garanticen sus derechos en una economía cada vez más digitalizada.
Costa Rica tiene la oportunidad de liderar una transición tecnológica centrada en la persona humana, mediante políticas públicas de Estado. Las tecnologías deben convertirse en una herramienta para generar bienestar, inclusión y desarrollo, nunca en un instrumento que debilite la dignidad del trabajo. El desafío no es meramente tecnológico. Es profundamente humano, ético y no resistirnos a lo nuevo, como lo hicieron desaguisadamente el movimiento ludista, en Inglaterra.