Las profecías del último Papa

Parapsicología y actualidad

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Desde hace siglos, la humanidad ha intentado predecir el fin de los tiempos. Entre las tantas narrativas apocalípticas, pocas han capturado tanta atención como las llamadas Profecías de San Malaquías, que enumeran 112 lemas latinos atribuidos a cada pontífice desde Celestino II hasta el supuesto “último Papa”, descrito como Petrus Romanus. Según esta visión, tras él vendría el juicio final.

Desde una postura científica, el Grupo Hades considera indispensable someter estas profecías al escrutinio de la razón, la historia y la metodología crítica. En primer lugar, no existe evidencia documental que respalde que San Malaquías, arzobispo irlandés del siglo XII, haya escrito este listado. 

El documento apareció por primera vez en 1595, en un contexto de fuerte pugna por el papado. Fue publicado por Arnold Wion, un monje benedictino, durante una época convulsa en la Iglesia Católica, justo cuando se debatía la elección del nuevo pontífice. La coincidencia entre el contenido y el contexto político no puede considerarse menor.

Numerosos historiadores han detectado un patrón revelador: hasta los pontífices del siglo XVI, los lemas parecen ajustarse con precisión a las biografías papales. Sin embargo, a partir de ese punto, las referencias se vuelven vagas, ambiguas y forzadas. Este fenómeno, conocido como profecía post eventum, se refiere a predicciones escritas después de los hechos, con el fin de aparentar presciencia. En otras palabras, estamos ante una construcción literaria, no una revelación divina.

Desde el campo de las neurociencias y la psicología cognitiva, también hay explicaciones claras para entender la persistencia de estas creencias. 

El cerebro humano busca patrones y tiende a encontrar sentido incluso en lo aleatorio. Las profecías, especialmente las abiertas y simbólicas, activan sesgos de confirmación y efecto Forer, provocando que las personas vean cumplimientos donde no los hay.

Creer en un “último Papa” es, por tanto, una extrapolación emocional más que un análisis racional. No se trata de negar la fe, sino de entender sus límites cuando se confunde con mecanismos predictivos no verificables. 

La ciencia no combate la espiritualidad, pero sí alerta sobre los peligros de construir verdades absolutas sobre premisas indemostrables.

En tiempos de incertidumbre, es comprensible que muchos busquen respuestas en lo sobrenatural. Pero, como Grupo Hades, creemos firmemente que el pensamiento crítico, el escepticismo razonado y la educación científica son los faros que deben guiar a la sociedad. Las profecías, por bellas o intrigantes que parezcan, pertenecen más al terreno del mito que al de la verdad.