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Toda mi vida he sido profesor, y ya no puedo quedarme callado ante las barbaridades (¡que no son errores!) cometidas por “jerarcas” ¡inoperantes!, ¡incompetentes!, ¡inútiles! e ¡irresponsables!; que tenían la misión de encausar las correctas directrices del MEP. Ya lo veníamos viendo desde que empezó la pandemia, cuando ofrecieron y prometieron apoyo tecnológico a miles de estudiantes que en medio de la virtualidad no tenían acceso a internet, ¡y nunca hicieron nada! Pero la “cereza en el pastel” llegó con las tales Pruebas Faro, y la perversa publicación del famoso “texto erótico”, que estaría bien ser analizado a nivel universitario, pero no dirigirlo a muchachos(as) que apenas salen de su niñez y están en plena adolescencia experimentando la formación de su carácter y sus valores como futuros adultos.
Aunque lo más patético y vergonzoso de todo esto es que tres de las principales responsables de esta terrible agresión a la Patria (sí, ¡A LA PATRIA!, porque en la Educación se sostienen los cimientos de toda civilización y de cualquier democracia); tres de estas “jerarcas” huyeron, salieron corriendo, se escondieron, renunciaron a sus cargos; en primer lugar la exministra Guiselle Cruz, la viceministra académica Melania Brenes, y más recientemente Paula Villalta, viceministra de Planificación y Coordinación, demostrando no tener la más mínima pizca de ética, para al menos dar la cara al país y ofrecer, sino una explicación, al menos una disculpa; y ahora, después de “jalarse la torta”, pretenden obligar a los alumnos a regresar a la “presencialidad” (como aparentando que todo está en orden), y la emprenden contra los pobres docentes que nada han tenido que ver en los soberanos desórdenes que ha propiciado el MEP, amenazándolos hasta con despidos si no llegan vacunados, yo pregunto: ¿Qué tiene que ver la tal vacuna con la calidad de la educación?; o como decía mi abuelito: “una cosa es una cosa, y otra cosa es otra cosa”.
Qué tiempos aquellos, cuando brotaban escuelitas en los más remotos rincones de aquel país campesino de entonces, y el “chiquillo” de campo pobre, descalzo y medio harapiento, podía asistir a la escuela pública, y sembrar sus esperanzas e ilusiones no solo en la huerta de su casa, sino también en el pupitre, sin tanta alharaca, sin redes sociales y sin internet.
Muchos de estos niños humildes y enjutos llegaron a ser personalidades descollantes en el quehacer político, cultural, educativo, científico y artístico de aquellas lejanas épocas. Lo cierto es que fue precisamente gracias a esa educación equitativa, igualitaria e inclusiva, que surgió esa forma hermanable, solidaria y desprendida que ha caracterizado al tico en su ADN idiosincrático, y que hizo posible el ascenso, -a veces desde la pobreza más extrema-, de innumerables ticos que día a día se encontraban “desde buena mañana” en las pintorescas escuelitas de antaño, donde compartían su fortuna y sus miserias el ”mocoso” rico y el “mocoso” pobre, nadie era “de arriba” o “de abajo”; todos eran iguales bajo el reconciliado cielo del respeto y la fraternidad, (aún no existía la descomunal e injusta brecha entre la educación pública y la educación privada).
Y ya que mencionamos la educación privada, casi podríamos asegurar qué en gran medida, una de las causas que tiene sumido a nuestro país en esta profunda y tenebrosa crisis educativa, tiene mucho que ver con la deficiente “formación” de profesores por parte de las universidades; y como consecuencia, los mediocres resultados en las aulas de escuelas y colegios; lo que no se subraya, es que en Costa Rica hay más de setenta universidades privadas, y solo cinco estatales; y lo gravísimo es que desde hace diez años los planes y programas de la educación privada no han tenido ni modificaciones, ni fiscalización ni control alguno por parte del CONESUP; es más, el mismo CONESUP ha aceptado su incapacidad al no existir reglamentos o directrices que le faculten para presionar o controlar a estas universidades privadas que funcionan a su antojo, también está comprobado que no existen estándares de calidad en las carreras; ¿PARA QUÉ EXISTE ENTONCES EL CONESUP; si más bien ejerce una vergonzosa función, al encubrir, alcahuetear y permitir la inoperancia y el afán de lucro en este cuestionado sector de la educación privada?; siendo de este sector de donde salen el 70% de los graduados, esos que precisamente llegan “medio sancochados” al campo laboral, -y lo más grave-, ¡a menudo a dirigir las instituciones estales!, mientras las universidades privadas continúan “alegremente” vendiendo y ofertando títulos a “diestra y siniestra”, sin escrúpulos y sin ningún control, como si los títulos fueran “un sello de pedigrí” para el autoengaño, y un salvoconducto directo a la mediocridad.
Indudablemente la EDUCACIÓN seguirá siendo la “PIEDRA ANGULAR” de cualquier país, cultura o civilización, solo la Educación empodera a las sociedades con el arma rotunda e invencible del pensamiento, la razón, el criterio y la autoafirmación; y es la que da razón de ser a los pueblos mediante una transformación a partir de las ideas, y no de la violencia; por eso; hoy más que nunca debemos ¡EXIGIR! a los que tienen en sus manos las riendas del MEP, hacer un cambio drástico e inmediato, para que sea con hechos y no con banas palabras que nuestra Educación -poco a poco- vuelva a recuperar el aliento, y volver a ser un pueblo Culto y Pensante, y no una recua de sometidos ignorantes, que en apariencia es en lo que nos han querido convertir.