Las listas de espera se cronifican

Editorial

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En Costa Rica, la salud es un derecho constitucional. Sin embargo, la realidad para más de un millón trescientos mil costarricenses que hoy están en lista de espera de una cirugía o un examen diagnóstico, demuestra que ese derecho se encuentra en cuidados intensivos. La espera se ha vuelto crónica, pues tarda no días, ni meses, sino años.

Según los datos recientes del Sindicato Nacional de Enfermería (Sinae), en el último año se han sumado más de 40 mil personas a las listas de espera. Para algunos procedimientos, el tiempo puede extenderse de seis meses a más de año y medio. 

No hablamos solo de estadísticas: hablamos de mujeres y hombres con dolores que no cesan, de adultos mayores con deterioro de salud, de trabajadores que deben posponer su recuperación y con ello su productividad. Cada número representa una historia de deterioro físico, emocional y económico.

El Sindicato ha alzado su voz con vehemencia, señalando lo evidente: este es un problema estructural y político que no se resuelve con parches temporales ni promesas vacías. 

La falta de planificación, la carencia de personal, la mala distribución de recursos y la ausencia de voluntad política real han convertido las listas de espera en una enfermedad crónica del sistema de salud costarricense.

No se trata de culpar a un solo gobierno, sino de exigir un compromiso transversal y valiente que supere la lógica electoral y enfrente el problema con visión país. 

Cuáles podrían ser algunas de las soluciones estructurales urgentes que deben ponerse sobre la mesa:

• Fortalecimiento del primer nivel de atención: Los EBAIS correctamente dotados de personal, equipo y medicamentos, pueden mejorar muchas las condiciones actuales sin necesidad de llegar al nivel hospitalario. 

• Alianzas público-privadas bien reguladas: Abrir la puerta a que centros privados atiendan parte de la demanda no debe ser un tabú, siempre que existan mecanismos de control y tarifas justas. El objetivo no es privatizar, sino desahogar el sistema bajo estándares éticos.

• Escucha activa y participación del personal de salud: Nadie conoce mejor el sistema que quienes trabajan ahí a diario. Enfermeros, médicos, técnicos y administrativos deben ser parte activa del diseño de las soluciones. Su experiencia es tan valiosa como cualquier consultoría extranjera.

• Transparencia y rendición de cuentas: Urge que la ciudadanía pueda ver con claridad cómo avanzan, o no, los compromisos para reducir las listas de espera. Un observatorio ciudadano de salud, con datos abiertos y accesibles, sería un paso necesario.

Costa Rica se precia de tener uno de los sistemas de salud más reconocidos de la región. Pero esa reputación debe estar respaldada por hechos. La salud no puede seguir dependiendo del azar, del contacto político o de la resignación del paciente. Las listas de espera no son inevitables: son el síntoma de un sistema que necesita una cirugía mayor.