Las inoperantes operadoras de pensiones (con lo que no cuesta… hagamos fiesta)

Cuando se pensó en incorporar la famosa “pensión complementaria” o “ROP”, fue en principio con la aparente intención de beneficiar al trabajador y ayudarle a futuro a paliar sus necesidades y mejorar su calidad de vida, para apoyarle a sortear los escollos en su nueva etapa como jubilado. Sin embargo, resulta que ahora, los muy […]

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Cuando se pensó en incorporar la famosa “pensión complementaria” o “ROP”, fue en principio con la aparente intención de beneficiar al trabajador y ayudarle a futuro a paliar sus necesidades y mejorar su calidad de vida, para apoyarle a sortear los escollos en su nueva etapa como jubilado. Sin embargo, resulta que ahora, los muy campantes administradores de esos fondos -que pertenecen por derecho y por justicia a cada trabajador- proponen que se les entregue en “abonos de polaco”, en mezquinas limosnas prácticamente de hambre, y lo más increíble, argumentando que si se le entregara el monto completo, el “irreflexivo” pensionado probablemente lo gastará en poco tiempo, y pronto se quedará con “una mano adelante y otra atrás”, así que decidieron unilateralmente, sin consultar a los verdaderos dueños de ese dinero, (que de fijo lo podrán necesitar, para para solucionar necesidades urgentes e inmediatas), devolverlo en tractos de ridícula desfachatez, ¡el Diablo repartiendo escapularios!, estas operadoras de pensiones, que redactan los “reglamentos” a su medida, se transformaron en verdaderos elefantes blancos, en “garroteras” disfrazadas de “respetables” empresas de finanzas. Estas han llegado al punto de que no les importa que la gente se muera de hambre, dichas operadoras ya no representan a sus asociados -ni les interesan-, ya no buscan el bien común, sino que actúan en su propio beneficio, por un lado desprotegen al trabajador y a su familia, y por otro, “invierten” en proyectos fracasados, que solo traen pérdidas al fondo para las pensiones, y como cereza en el pastel, le tienen “el perro amarrado” a más de 134.000 familias de socios ya fallecidos, negándose a entregar el dinero de su ser querido, que justa y honradamente le pertenece a su familia (esto no es falacia, usted lo puede bajar de internet); tal parece que en la Costa Rica actual existimos ciudadanos de primera, segunda y tercera categoría, pues un pequeño “grupito” de afiliados y privilegiados con pensiones de lujo sí pueden acceder a la devolución intacta de su jugosa pensión. Debemos apoyar al diputado Eduardo Cruickshank, quien impulsa un proyecto para revertir esta malvada situación, así como para proteger de esta descarada felonía, tanto al afiliado como a su familia, que sea el afiliado, quien decida la forma de retirar el monto de su dinero sea completo o en tractos. Insto a todas y todos los afiliados a apoyar al diputado Cruickshank, interponiendo un “recurso de amparo” contra estas voraces e inhumanas “administradoras” del dinero ajeno.

Debe ser muy fácil y muy “corrongo”, desde un mullido sillón de “superintendente”, o de gerente de operadora, que gana nueve, diez o más millones al mes, decretar, como siniestro emperador, que al pobre que ha trabajado toda una vida “agarrándola del rabo”, se le devuelva su escuálida pensioncita, en risibles tractos de miseria. Y es que ¡claro!, las operadoras para poder funcionar han creado una monstruosa estructura de privilegios para sí mismas, imagínese usted, nada más lo que pueden gastar mensualmente solo en altísimos salarios, además de gastos administrativos, incentivos y quién sabe cuántas “delicatesen” más, y todo tomado de la plata de sus asociados. Todos los que no tenemos el privilegio de gozar de una pensión de lujo, ni de ser magistrado o profesor un universitario, ya es hora de que pidamos explicaciones  sobre este desastre en que han caído las operadoras (que aparentemente no les interesa corregir). Se entiende, mientras el dinero les siga fluyendo a borbotones, nunca se interesarán en buscar buenas y eficaces posibilidades de inversión para poder obtener réditos y así fortalecer un poco más el fondo para las miserables pensiones de tanta gente trabajadora, humilde, noble y honesta, como afortunadamente sigue siendo en el fondo, el alma y el corazón de un verdadero costarricense: labriego sencillo.

No es justo y menos aceptable, que aquellos que están acostumbrados a gastar y dilapidar a manos llenas, llámense operadoras o llámese Estado, vengan ahora diciendo que seguramente somos tan “tontos”, tan incapaces y tan “despilfarradores”, que no estamos en condiciones de administrar un mísero poco de plata…  ¿Cuánto tiempo más iremos a soportar semejante atropello?