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Desde muy pequeños nos enseñan a entonar con orgullo cada estrofa del himno nacional, letra y música que nos identifica alrededor del mundo. Sin embargo, es importante cuestionar si realmente seguimos comprendiendo el significado de ese mensaje o si, con el paso del tiempo, lo hemos convertido en una simple tradición que repetimos más por obligación que por orgullo.
La letra escrita por don José María Zeledón es el reflejo de un país que avanzó gracias al esfuerzo de hombres y mujeres que encontraron en la tierra no solo el sustento, sino también una forma de dinamizar la economía y dar una identidad a los costarricenses.
Cuando se habla del “labriego sencillo”, no hace referencia únicamente al productor de otra época; reconoce el valor del trabajo honrado, el esfuerzo silencioso y el compromiso de quienes, con sus manos, hacen posible el desarrollo de Costa Rica.
No es casualidad que el agro ocupe un lugar tan importante en nuestros símbolos patrios.
Durante décadas, el agro ha sido un motor económico, social y cultural para el país. Gracias al trabajo de miles de productores se han generado empleos, se han fortalecido las comunidades rurales y se ha garantizado el abastecimiento de alimentos para toda la población. Aun así, ese reconocimiento parece haberse ido desvaneciendo con el paso de los años.
Hoy, el agro enfrenta una realidad de grandes desafíos. Las y los productores nacionales deben lidiar con el incremento en los costos de producción, los efectos cada vez más severos de los fenómenos climáticos, las dificultades para acceder a financiamiento, la competencia internacional y la incertidumbre que generan muchas decisiones de política pública. A pesar de ello, continúan trabajando cada día para llevar alimentos de calidad a la mesa de los costarricenses.
No es congruente que mientras entonamos con orgullo sobre el “labriego sencillo”, olvidemos el valor de quienes producen, cosechan y siembran nuestros alimentos.
Lamentablemente, hemos sido testigos de que las y los agricultores nacionales suelen tomar relevancia solo cuando ocurre una crisis, se escasea algún producto, cuando las condiciones del mercado afectan el abastecimiento o bien cada 15 de mayo en el Día de la Persona Agricultora. De lo contrario, su esfuerzo pasa prácticamente desapercibido.
Como país, debemos recuperar y demostrar el respeto y la admiración por quienes trabajan la tierra. Reconocer el trabajo de nuestras y nuestros productores no significa únicamente expresar gratitud; implica entender que robustecer al sector agropecuario, es fortalecer la seguridad alimentaria, dinamizar la economía, proteger el empleo rural y resguardar una actividad que forma parte de nuestra identidad como costarricenses. No puede existir una Costa Rica fuerte si quienes alimentan a su población enfrentan solos cada uno de los desafíos que amenazan su actividad.
Las y los agricultores nacionales representan valores que siguen vigentes: esfuerzo, honestidad, perseverancia, sostenibilidad, resiliencia y amor por la tierra. Son precisamente esos valores los que han dado prestigio a Costa Rica en el mundo y los que han permitido construir un país reconocido por su paz, su trabajo y su vocación agropecuaria.
El labriego sencillo, no es un personaje del folclore nacional es la esencia del ser costarricense.