La verdad que nos hace libres

La búsqueda de la verdad conduce a escuchar con atención, examinar los hechos, y con humildad aceptar cuando nuestro interlocutor está en lo cierto y verdadero.

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En Costa Rica vivimos tiempos de cruces de palabras y acusaciones, que van dejando la mayoría de las veces, una estela de irrespeto para quién piensa distinto. En muchas ocasiones esas palabras resuenan desde un tono de voz amenazante.  Y, precisamente, en esa diversidad de opiniones y versiones sobre un mismo tema surge la pregunta necesaria: ¿quién dice la verdad?

La búsqueda de la verdad conduce a escuchar con atención, examinar los hechos, y con humildad aceptar cuando nuestro interlocutor está en lo cierto y verdadero.  Eso nos permitirá rectificar cuando nos equivocamos y evitar que una acusación o una versión incompleta se convierta en juicio definitivo.

La verdad adquiere fuerza cuando toma forma desde la caridad y busca el bien.  Esa verdad hace camino en las conciencias y se manifiesta en opciones de vida.  Esa verdad nos permite integrarla a nuestra conducta cotidiana y construir la fraternidad.  Así, la verdad siempre viene acompañada de la caridad.

Buscar la verdad con humildad exige valentía.  Puede llevarnos a descubrir que la realidad es más compleja de lo que pensábamos, que alguien a quien cuestionábamos tenía razón en algún punto o que nosotros mismos contribuimos a la confusión. Esa disposición no debilita nuestras convicciones: las vuelve más honestas y responsables.

Desde la dinámica cristiana, esa búsqueda nos conduce a Cristo, que no solo ilumina el camino: es «el camino, la verdad y la vida» (Jn 14,6). Acercarnos a Él nos compromete a buscar la verdad con humildad, a hablar sin destruir y a reconocer la dignidad de los demás, incluso en el desacuerdo.

La verdad adquiere una fuerza especial cuando nace del encuentro con Cristo y se expresa con el testimonio amoroso del cristiano. Así, si anunciamos que Él es la Verdad, nuestras palabras y nuestras decisiones deben reflejarlo.

Jesús dijo a quienes creían en Él: «Conocerán la verdad y la verdad los hará libres» (Jn 8,32). Esa libertad se reconoce en la manera de hablar y de convivir; cuando podemos disentir sin degradarnos, pedir explicaciones sin condenar de antemano y defender la justicia sin renunciar al respeto.

Nos conceda, nuestro Señor Jesús, la humildad para reconocer la verdad que portan otros y otras, para comunicarla desde la caridad y defenderla con valentía. Así, también en Costa Rica, podremos ser testigos de una verdad que libera y ayuda a construir encuentros fraternos; porque, “El esplendor de la verdad brilla en todas las obras del Creador y, de modo particular, en el hombre, creado a imagen y semejanza de Dios (cf. Gn 1, 26), pues la verdad ilumina la inteligencia y modela la libertad del hombre, que de esta manera es ayudado a conocer y amar al Señor. Por esto el salmista exclama: «¡Alza sobre nosotros la luz de tu rostro, Señor!» (Sal 4, 7)” (cfr. Splendor Veritatis).