
Fernando Berrocal
Exministro de Seguridad Pública
Como ciudadano y como exministro de Seguridad Pública, tengo fuertes sentimientos sobre la extradición a los Estados Unidos de los primeros dos costarricenses, acusados del delito transnacional de la narcoactividad.
Por una parte, estoy absolutamente convencido que es un paso fundamental en la dirección correcta y que aprobó, unánimemente, la actual Asamblea Legislativa.
A mi juicio, la legislación más significativa de estos cuatro años.
Por otra parte, me duele y mucho, el enorme deterioro de la realidad nacional y los niveles objetivos y probados de penetración de la narcoactividad y sus mafias, en las estructuras políticas, económicas y sociales de Costa Rica.
Es de verdad impactante que un exdirector de la DIS, exviceministro y ministro de Seguridad Pública, exmagistrado de la Sala III Penal, sea acusado, con pruebas contundentes, de ser uno de los jefes de la narcoactividad en Costa Rica, al servicio de los poderosos carteles mexicanos de la droga.
Ese hecho objetivo, es el espejo fiel de la Costa Rica que llegamos a ser y la degradación e inmoralidad a la que llegó la política nacional y los niveles y alcance de la red de cuido, hipocresía y mentiras que hicieron posible un hecho de esta naturaleza en la sociedad costarricense.
La evidencia es irrefutable y está en el mismo teléfono celular del exministro y exmagistrado extraditado que fue copiado y grabado, íntegramente, por la DEA y que está cargado de llamadas, complicidades y sinvergüenzadas que evidencian, el grado de penetración de la narcoactividad y la criminalidad organizada… e individual, en Costa Rica. Esa es la prueba contundente.
En ese teléfono y en el testimonio de ese mismo extraditado, cuando sea confrontado con la verdad y los hechos, se verá la gravedad de un proceso de penetración que tomó varios años y que, en su momento, como Ministro de Seguridad Pública, lo advertí al país, poniendo incluso en peligro vidas que fueron amenazadas por un comando de sicarios colombianos, en contra de la opinión de quien no veía esa extrema gravedad y peligro o tenía, quizás, otros intereses políticos y personales más importantes que satisfacer, frente a las informaciones y pruebas que nos facilitaban oficialmente, como gobierno, las Agencias de Seguridad de dos países aliados y amigos de Costa Rica.
Lo fundamental, ahora, es que se conozca “la verdad verdadera” de mucho de lo que sucedió, realmente, en todos estos años hasta el presente y esa información nos facilitará, como país, hacer justicia, limpiar la casa, renovar la política y fortalecer, integralmente, la lucha contra esas poderosas mafias y la narcoactividad en Costa Rica. Ese es mi deseo y aspiración como ciudadano.
¿Y usted qué opina?
