La sombra de Pinto

Desde que se supo del sorteo de grupos para el Mundial de Fútbol de Brasil 2014, hasta el día a día de cada partido, nuestro país sabía que lograr la meta era casi un imposible, que clasificar era un sueño y que clasificar de primeros, como ocurrió, era una verdadera epopeya griega. En la jerga […]

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Desde que se supo del sorteo de grupos para el Mundial de Fútbol de Brasil 2014, hasta el día a día de cada partido, nuestro país sabía que lograr la meta era casi un imposible, que clasificar era un sueño y que clasificar de primeros, como ocurrió, era una verdadera epopeya griega. En la jerga griega, el máximo logro de su pueblo, incluso de sus dioses. Porque eso era revertir el camino del destino deportivo, era cambiarles la vida a muchos y lograr, lo que parecía imposible en la historia ya escrita. 

Pero se logró y ese fantasma no se ha abandonado, hay muchos que viven colgando de esa embriaguez, lograda con trabajo y mucha disciplina, con ello se superó el azar y la idolatría a tres equipos excampeones del mundo, que los periodistas deportivos citaban inalcanzables. Cayeron como caerán todos los ídolos de barro, todas las pequeñeces mentales que nos han tenido marcados. A todos los aficionados y a la diletante clase dirigente.

El tema de la Selección de fútbol y su futuro, de cara a Rusia 2018, recurrente en todas las mesas de los hogares, volvió por el camino de la mediocridad y de un limbo que se ha hecho interminable, conducta que nos tiene tomada la razón, la voluntad y la conciencia en todos los demás quehaceres, no solo en lo deportivo. De eso se aprovechan sectores de la prensa deportiva, que siempre han impuesto sus propias formaciones, que son salidas de un fanatismo absorto, que ante el fracaso: se esconde. Nadie hace algo para verdaderamente dar en el clavo y discutir las razones de fondo y superar la borrachera, de la que no se ha salido. De la sombra del héroe griego: José Luis Pinto Afanador. 

Han pasado ya y muy rápido cuatro años, que se fueron sin esperar a nadie, aquí el que supo sacar provecho lo hizo y el que no, se quedó soñando, en lo etéreo. ¿Acaso se ha discutido el relevo generacional necesario y obligado? ¿Acaso se ha hecho algo, por discutir la dinámica y la estructura de los torneos? La capacitación de los técnicos, de los árbitros, las ligas menores, el relevo de los dirigentes, sin dudas, escuela del anterior presidente de la Federación de Fútbol. Estamos adonde estábamos hace cuatro años. Es lo mismo y en lo mismo, salvo que ahora no se ve en lontananza, otro griego. 

Después de Brasil 2014, se volvió a la mediocridad, no se avanzó, porque las cosas se pusieron en manos de exjugadores, metidos a técnicos baratos, a quienes se les paga, lo que nadie de un buen nivel, aceptaría venir a ganar. El ejemplo fue Ricardo Gareca, quien olfateó todo este cuadro. 

Un tránsito por el que han llevado las esperanzas, con el equipo de todos, al que pusieron a participar entre el 1914 y el 2018, en torneos donde fracasó siempre y que justificaron los mismos que claman por imponer a McDonald, bajo la doctrina del conformismo, haciendo números con las ganancias que recibirán cada equipo que aporte jugadores, dependiendo de ese negocio, con una prensa deportiva, que lo aplaude, acrítica, aduladora, manipuladora, ignorante y sobre todo, que no hace distancias, ni diferencias con nadie, que tapa muchas cosas, incluidas las consecuencias de lo de Li y compañía, periodistas que no cuestionan nada, ni a nadie. 

Cómplice de esa mediocridad, acostumbrada solo a mover la cabeza. El pueblo solo importa para mantener vivo ese negocio lucrativo, luciendo una camiseta roja, que en ninguna parte regalan. 

Se clasificó a Rusia, pero de qué forma tan pobre, en patio propio, con su propia gente, con la ayuda del árbitro, a quien los cómplices del negocio habían puesto al pobre pueblo a odiar. Se empató con Honduras, un equipo ralo, que vino diezmado, porque Pinto llegó a Honduras, después del papelón del Pelícano, no contó con la generación de los grandes, de los Suazos, los Pavón, los Dolmos, los Tyson Núñez, los Amados, los Nahún, los Cruz, los Valladares, los Costly, los Caballero, los Figueroa y los Turcios. Se clasificó por una impronta arbitral, de seis minutos de más, inventados por quien salió como un héroe, del minuto 95, luego se le regaló la clasificación a Panamá.