La salud mental no debería esperar a que estemos al límite

Opinión

Fecha de publicación:

Fecha de modificación:

Hay personas que sonríen, trabajan y cumplen con sus responsabilidades mientras libran batallas que nadie conoce. Cuando alguien les pregunta cómo están, responden que todo marcha bien, aunque por dentro experimenten un agotamiento que no saben cómo expresar.

¿Cuántas veces confundimos el silencio con tranquilidad? ¿Cuántas veces esperamos a que alguien llegue al límite para reconocer que necesita ayuda?

En el Mes de la Salud Mental, Costa Rica tiene una oportunidad para reflexionar sobre una realidad que no debería ocupar nuestra atención únicamente durante una crisis: el bienestar emocional necesita prevención y compromiso durante todo el año.

Hemos aprendido a aguantar, pero no siempre a pedir ayuda. Frases como «sea fuerte» o «hay gente que está peor» pueden enseñar a las personas a ocultar su sufrimiento por temor a ser juzgadas. Sin embargo, ser fuerte no significa no sentir, sino reconocer nuestros límites y buscar apoyo cuando lo necesitamos.

La salud mental tampoco depende exclusivamente de la voluntad individual. Las dificultades económicas, las condiciones laborales, las relaciones familiares y el acceso a servicios profesionales influyen en nuestro bienestar.

La prevención debe comenzar antes de la crisis. No podemos esperar a que una persona llegue al límite para tomar en serio su sufrimiento. Escuchar, reconocer cambios persistentes en el comportamiento y facilitar el acceso a ayuda profesional son acciones fundamentales.

Desde mi perspectiva como especialista en Programación Neurolingüística considero importante que las personas aprendan a reconocer sus patrones de pensamiento y comportamiento, comprendan sus respuestas emocionales y desarrollen nuevas formas de afrontar sus experiencias. No obstante, el desarrollo personal no sustituye la atención psicológica o psiquiátrica cuando es necesaria.

En Costa Rica, este desafío también es colectivo. Necesitamos instituciones comprometidas, servicios accesibles y espacios educativos y laborales que favorezcan el bienestar emocional. Pedir ayuda no debería depender de la capacidad económica ni de contar con una red de apoyo.

Tampoco basta con publicar mensajes de concientización durante octubre. Necesitamos convertirlos en acciones sostenidas. Las familias pueden aprender a escuchar sin juzgar y las instituciones deben fortalecer la prevención y la atención oportuna.

A veces, ayudar comienza con una pregunta sincera: «¿Cómo te sentís realmente?». No siempre tendremos las respuestas, pero podemos escuchar sin minimizar el dolor y acompañar a quien necesita ayuda.

El Mes de la Salud Mental debe ser un recordatorio, no una excepción. Una sociedad no demuestra cuánto le importa la salud mental por los mensajes que publica durante un mes, sino por la forma en que acompaña a las personas cuando nadie las está mirando.

No esperemos a que alguien se rompa para decidir escucharlo. La salud mental merece atención antes de la crisis y compromiso todos los días del año.