
Cada día me maravillo y sorprendo más frente a los cambios que genera la revolución tecnológica que vivimos y, a la vez, me reafirmo en la convicción profunda de que, como personas y como país, tenemos que “cambiar de chip”.
Inicio con una anécdota: después de observar a algunas personas con un vistoso y extraño anillo en el dedo índice izquierdo, le pregunté a una de mis hijas para que servía ese discreto y peculiar aparatito.
Su respuesta me dejó perplejo: Se llama “oura” y es un invento tecnológico inteligente que, en tu teléfono celular, te informa exactamente sobre tus índices de presión arterial, el nivel de estrés, los pasos que has dado en el día, la frecuencia y el valor del sueño mientras duermes, si el cuerpo está descansado o cansado y, en general, tu estado de salud las 24 horas del día.
¡Casi magia pura!
Igualmente, ahora, casi todo se resuelve preguntándole a una plataforma digital que se llama GPT y que acumula la sabiduría de todas las bibliotecas y de los mejores y más connotados sabios, científicos y juristas de la historia.
Ésta enorme y asombrosa transformación tecnológica, comenzó con la revolución de la informática y las comunicaciones, en los años 80 del siglo pasado. Desde entonces, la transformación tecnológica y los cambios profundos que ha generado en el mundo y la realidad, no se han detenido.
Incluso transformando una actividad esencial como es la POLITICA.
Por eso, aplaudo la moción aprobada por 49 Diputados el 18 de junio, en la Asamblea Legislativa, censurando el acoso, la discriminación, la intolerancia, las campañas de miedo, la distorsión de los hechos y los discursos de odio que se han apoderado de la política y gran parte de la sociedad costarricense.
El camino costarricense es de espacios libres de veneno y discursos de odio. Pero también tiene que ser de decisiones y soluciones efectivas y responsables.
Existe un desastre y una enorme vergüenza nacional que se llama CRUCITAS. Una pregunta resume, después del pasado viernes, lo que los costarricenses pensamos: ¿Cómo es posible que llevamos los cinco gobiernos anteriores y 20 años, sin resolver la explotación racional y científica del oro costarricense como factor de desarrollo integral, sin destruir el ambiente, mientras un grupo de coligalleros, vinculados a la criminalidad organizada, le siguen ganado esa batalla al Estado Costarricense? ¿Cómo es posible tanta incapacidad política?
Es hora de cambiar de chip. Todos tenemos que hacerlo. Como país, enfrentamos una agenda nacional llena de prioridades y urgencias pendientes que resolver. El tiempo no deja de correr y es hora de cambios y reformas, soluciones y decisiones desde el Poder Ejecutivo y en la Asamblea Legislativa.
¿Y usted qué opina?